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domingo, 23 de septiembre de 2018

FRASE Y CUENTO: SALSIPUEDES UN ESPECTÁCULO EN ESTADO PURO ADEMÁS DE OFRENDA CULTURAL. PRIMERA PARTE.


Querido hijo…

Cuando las magadas hacen ofrendas a Acorán ocurren milagros.

Medita.

Cuento: Magia en Arucas.

En la noche de los tiempos, donde se curva la entonación de lo tangible y lo intangible, un grupo de mujeres caminaban en la oscuridad de su pulsante realidad, en silencio, en perfecto orden, meditando la fórmula que les permitiera acertar en su encriptado pensamiento…

Ya en el lugar escogido, después de haber subido, paso a paso y metro a metro, una alta montaña arañando en el equilibrio el gesto perfecto para no caer al abismo de la realidad y morir a sus pies despeñadas, se posicionaron sobre el escarpado terreno, hermanas e hijas, primas y tías, ataviadas de pieles de cabras y ovejas albinas, en perfecta estructura geométrica con la intención de extender sobre los elementos los roles macerados en el cuenco de sus vidas: Las dos mayores vistiendo los atuendos rituales y las dos menores desvistiéndose de ellos para mostrar a Acorán su desnudez bañadas por los plateados rayos de Moneiba (La luna).

—Zahañat guayohec —exhalaron al levantar sus brazos mientras equilibraban sus hermosos cuerpos sobre las puntas de sus pies. A lo que sus madres respondieron al unísono:

–Amenacorán —mientras golpeaban con ramas verdes la leche que previo a este paso habían vertido sobre una escogida roca que se erigía en el mismo punto geométrico de su templo natural.

Así estuvieron en perfecta espiral fonética hasta que entraron en un buscado trance después de haber tomado varios tragos de tamazona con oche a la cual le habían añadido unas hierbas que, en la proporción exacta, potenciaban las facultades, individuales y colectivas, de aquellas mujeres expertas en magias ancestrales.

De pronto sobre de ellas se contorsionó el espacio-tiempo y tras una explosión de luz contenida comenzó, excitado por el mantra sonoro de las magadas, a girar en una espiral que las fue tragando, poco a poco, hasta que de pronto, ataviadas con los mismos ropajes con los que habían subido a la montaña, aparecieron en una época futura, año del señor veintiuno de septiembre del dos mil dieciocho: En un lugar que ellas conocían como Areuca y que ahora todos mentaban como Arucas, frente a la puerta donde un grupo cultural conocido por los lugareños como Salsipuedes desarrollaba una propuesta cultural. En medio de una explosión de chácaras y tambores. En medio de una procesión que amenizaba la inquietud de miles de personas reunidas allí.

Las magadas se sumaron a dicha procesión observando, con detenimiento, a cuantos les observaban, valorando sus cadencias anímicas, variados ropajes y roles sociales hasta que la procesión terminó y los participantes posicionados en distintos puntos del recorrido comenzaron a interactuar con los que se habían congregado allí al reclamo del entretenido evento. Momento en el cual se difuminaron en el ambiente tras mentar un conjuro y comenzaron a susurrar a en los oídos de los participantes historias reales que informaban de cuanto había sucedido en la historia de un pueblo que aunque doblegado por la fuerza de las armas nunca perdió el aroma de su más pura esencia. 























Hasta que se toparon con un paseante, que había venido a ver el espectáculo con su esposa y dos amigos, y que disfrutaba de aquella interacción sacando fotos, unas veces a solas y otras acompañado, tras haberse alejado de sus acompañantes y mujer unos instantes y cierta distancia. Momento aprovechado por estas hechiceras para encargarle la tarea de contar a cuantos pudiera la exhalación cultural que se había dado aquella mágica noche, además de encargarle la tarea de contar la del acto que habría en la ciudad capitalina de la antaño Tamarán (Gran Canaria) al día siguiente y éste fiel al pacto hecho con aquellas mujeres lo hizo.

Y colorín colorado este cuento se ha terminado.













 


Felicitar desde este blog a todos los componentes de Salsipuedes por su compromiso con la cultura, por su compromiso con las tradiciones e historia y por demostrar que todo se puede lograr si cada uno interpreta su papel con humildad además de dar las gracias por todo el cariño que le demuestran a cuantos entrelazan lazos verbales con ellos. Sin olvidar pedirles perdón por la calidad fotográfica de esta columna: ¡Jo!, pero la exigua economía familiar es lo que me permite por el momento: Ya habrá tiempos mejores.

Espero les guste la fórmula de contar en cuento las vivencias sensoriales libadas en este acto y despedirme reafirmándome en el convencimiento de que:


Son todo un ejemplo.


Alejandro Dieppa León.
Por una sociedad mejor,
por un mundo más justo.

Frase y cuento de mi serie: Meditando en un templo Shaolín.
Fotomontaje de mi álbum personal.

domingo, 16 de septiembre de 2018

FRASE Y CUENTO: ADVERSIDAD.

Querido hijo…

Si te rindes ante la adversidad las penas terminarán matándote.

Medita.

Cuento:                                             Jacinto Mata Penas.

Jacinto Mata Penas había nacido una tarde de luz penetrante y calor cuasi irrespirable, asfixiante, en el Sor Mártir de la Paz, una clínica privada para gente de clase media, tras un parto difícil que había puesto la vida del niño y la madre en jaque; pero que había finalizado bien, tanto para la madre como para el recién nacido, gracias a que Don Antonio Pérez Santino, un ginecólogo comprometido con los pacientes que más engrosaban su cuenta de resultados, se preocupó durante todo el embarazo en controlar a la ya recién parida.

El tiempo, custodio temporal de la vida de sus pasajeros, en los primeros años de vida acurrucó a Jacinto, entre sábanas de algodón y los aromáticos giros familiares, entre los sutiles cuidados de una madre inteligente, sacrificada y preocupada por la salud de su vástago y los toques de atención de un padre que solamente se preocupaba -fruto de una educación ribeteada de matices arcaicos- por traer dinero a su casa, ver si la nevera estaba llena y descansar lo suficiente para volver a su trabajo al día siguiente.

Ya de joven Jacinto, que destacaba en inteligencia y capacidad de aprendizaje, no pudo concluir el bachillerato porque la misma inteligencia que lo potenciaba lo frustraba cuando se daba cuenta que su futuro no solamente dependía de él sino de la relación que tuviera con los seres humanos del entorno donde se moviera y sobre todo con los del mundo juvenil que estaba saturado de hormonas, roles sociales donde la crueldad primaba ante la compasión y donde las escasas amistades, de cuestionado valor, fueron escollos que le llevaron, en el trazo de su existencia, a convertirse en un adulto esquivo que se preocupaba por lo que tenía solución y por lo que no también; pero aún así tuvo la suerte de conocer a una hermosa mujer que le devolvió a las estrechas y anchas calles y avenidas de la cotidianeidad.

—Jacinto… Cuanto tiempo hombre —se abrió de brazos un viejo conocido del instituto, que no amigo sincero, al mismo tiempo que acompañaba el saludo de una cetrina mueca un inesperado día de otoño.

—Hola, Tomás —había titubeado si saludarlo o aparentar el no conocerlo; pero lo correcto, la cortesía, la elegancia en el gesto le pudo.

—¿Cómo te va la vida? —tuvo la poca vergüenza de posarle su mano derecha sobre el hombro derecho— Jacinto espabila, coño… Que soy yo tu viejo amigo de instituto —lo zarandeó cuando posó la izquierda en el hombro caído, agónico, que la esperaba aceptando su destino esbozando una cetrina mueca.

—Pues bien —no pudo evitar el balbucear y su maligno interlocutor se lo notó; pues la mala hierba se alimenta de la debilidad de las otras plantas que crecen a su alrededor.

El forzado diálogo entre mente golpeada y bateador poco piadoso se extendió una eternidad para el más deteriorado y un suspiro para el que se deleitaba con su sufrimiento; pues este último volvió a tocar el viejo palo de la burla de su apellido, cosa de la cual se culpó Jacinto de camino a su casa, con la cabeza agachada, rumiando mil y una penas y amarguras que ya creía enterradas, podadas de su árbol de vida.

—¿Qué te pasa amor? —se acercó a su marido rápidamente.

—No… No, nada… —la apartó sin brusquedad buscando la oscura soledad de su dormitorio dándole la escusa a su mujer que padecía un inesperado e inevitable dolor de cabeza.

Al día siguiente Jacinto se levantó de la cama para ir a su trabajo, como si nada hubiera pasado, aunque en su interior aquel inesperado encuentro con el conocido del instituto marcó un antes y un después en el navegar de su vida convirtiendo a Jacinto en un ser quejica que en vez de afrontar los problemas y retos de su vida prefería ampararse en la queja, la desgana y la desidia.

Aquella actitud hizo mella en su fuente de ingresos, su trabajo, y como era de esperar en una sociedad competitiva: Jacinto fue fulminantemente despedido. Hecho que convirtió su vida en un calvario; pues tuvo que aceptar todo lo que le ofrecían en las peores condiciones laborales.

Jacinto, con los años, desarrolló varias patologías médicas que le dificultaban desarrollar las tareas que le tocaban en suerte de una manera eficaz; pero en vez de ponerle remedio siguió sumido en su inercia de queja y pesadumbre. Hasta que un día, en el mismo lugar donde se topara años atrás con el nefasto Tomás, se tropezó con una pareja, también de viejos conocidos de instituto, que no pudo esquivar.

—Jacinto me alegro de verte —sonó nítido en su angustia.

Jacinto no pudo escaparse, ya era demasiado tarde,

—Hola Elena, hola Jonás —el tono triste de su agonía relució ante sus antiguos compañeros.

Jacinto Mata Penas no fue fiel a su nombre, fue fiel a la agonía, a su tortura mental, a la continua catalogación de sus enfermedades físicas para encubrir con ellas la que realmente debería haber tratado; pero Jonás que siempre lo había apreciado le miró fijamente a la cara y le espetó, sin miramientos, con el látigo de la sinceridad y con la intención de ayudar:

—Muchacho entiendo tus lesiones físicas —acentuó serio, seguro— y no te voy a decir que son moco de pavo: pero —se remangó la camisa del brazo izquierdo— ves ésta cicatriz —señaló y seguido le mostró como se le había quedado el fémur de la pierna izquierda, subrayando que tenía en ella un implante de metal, para después explicarle con todo lujo de detalles: Cómo se había quedado cojo y con el hombro casi sin movimiento.

—¿Y tú crees que él dejó que la vida lo dejara impedido o postrado en una cama para siempre? No, señor, no —interrumpió la esposa de su interlocutor, Margarita, la también antigua compañera de estudios.

—Ya, ya, ya —no pudo evitar el encoger el ánimo y el cuerpo.

—Espabila Jacinto y se fiel a tu apellido Mata Penas y no te tomes a mal que te recuerde tu cruz en el “insti”. ¡Coño! Si eras el mejor de la clase… y no… y no entiendo, puñetas, como dejaste los estudios porque un grupo de putos cabrones se rieron de ti por tus apellidos. Eso nunca lo entendí. Si era tan sencillo como cambiar el sentido de la energía con la que te golpeaban. Mata Penas, Jacinto, no es un mote o una burla. Mata Penas es un lema de vida, un camino, un fin… Joder, espabila, y deja de quejarte…

—Pero cariño no te das cuenta que le estás gritando…

—Sí, joder, porque no entiendo como una mente como la suya dejó que la ignorancia le ganase la partida.

Aquella sacudida elevada de tono agitó el interior de Jacinto y a partir de aquel día, como mismo le sucediera cuando se encontró con el maléfico Tomás, Jacinto fue fiel a sus apellidos y pena que le venía en su vida la mataba con muchas dosis de humor, amplitud de miras y reafirmación personal.

En definitiva Jacinto Mata Penas se transformó en un ser humano positivo y alegre cualidades que fueron un vitalista cambio en su vida matrimonial, vecinal y laboral.

Alejandro Dieppa León.
Por una sociedad mejor,
por un mundo más justo.

Frase y cuento de mi serie: Meditando en un templo Shaolín.

Fotomontaje de mi álbum personal.

Derechos de propiedad intelectual literarios y de imagen reservados al y del autor: Alejandro Dieppa León.

sábado, 15 de septiembre de 2018

FRASE, MICRO RELATO Y COLUMNA: JULIO GONZÁLEZ PADRÓN ATRACA EL BARCO DE LA MEMORIA EN EL MUSEO ELDER.


Querido hijo…

Cuando el barco de la memoria lo capitanean hombres de recto proceder ésta no es ahogada por el ciclón del tiempo.

Meditémoslos, respaldémoslos y sobre todo sigamos su humilde ejemplo.

Micro relato:

Los gritos, entre arañazos sangrantes, empujones buscando la única salida y la asfixiante desesperación en la oscuridad en sus ataules de metal, se anudaban los unos a los otros, se golpeaban los unos a los otros, enhebrando negros presagios marineros, mientras poco a poco se los tragaba la mar.

–Capitán el barco se ha quedado sin gobierno –había silbado el viento, pero nadie lo escucho…

Nadie…

Ni en la mar, ni en la tierra, ni en el cielo…



He querido empezar esta columna, primero, con esta frase, pensamiento que también ilustrará el libro de frases y cuentos que he estado y aún estoy escribiendo desde hace años, para ennoblecer y homenajear a todos y cada uno de los que, en su justa medida, honran la memoria de nuestros antepasados desvistiéndose, sí, desvistiéndose, de la chaqueta de la rancia vanidad y vistiendo la transparente vestimenta de la justicia histórica, que no de la justicia terrenal, no; pues ésta, que debería coronar el áureo laurel de lo ético, está sujeta a los movimientos de la marea de los corruptos intereses personales de un mercantilismo que el tiempo no consigue humanizar, sino todo lo contrario lo sigue reafirmando; pues aún se huele y se padece su pestilente fragancia a la que ellos la llaman:

“Lo correcto a la ley de la letra pequeña”.

Créanme que siempre han existido y existen seres humanos así, me refiero a los honestos y a los deshonestos, y por si alguno de ustedes duda de mi afirmación en lo referente a los primeros sumérjanse en las entrañas de Salsipuedes o caminen por distintas áreas de nuestra sociedad escuchando los latidos del corazón que no de las agradables tonalidades de la voz que engatusan y en duermen los sentidos; porque quien suele defender estos lares del tiempo con más ahínco que los que ahuecan el tono para agradar no visten de Gucci, Armani, Christian Dior o Prada. Quien los defiende con más fervor suelen, en nuestra agitada tierra, comprar en el Hiperdino, Mercadona o Spark mientras caminan por las calles esquivando los codazos de la vida.   

Y he continuado, exprimiendo a mi imaginación, con un micro relato que comprimiese lo que sería los últimas horas de todos y cada uno de los que tuvieron la desgracia de perecer en el hundimiento-tragedia del Valbanera y créanme que para mi ha sido un autentico ejercicio de vaciado emocional; pues cada vez que trataba de expresarlo se me venían a la mente las posibles imágenes de cómo podría haber muerto mi hermana en la tragedia aérea del aeropuerto de Barajas –JK5022-, que no, no y no, fue tragedia de tráfico como así la tipificaron los deshumanizados mercantilistas y juristas para que el bolsillo de aquellos que dicen asegurar nuestro futuro cuando algo inscrito en la póliza de vida se cumple se salen del tiesto con la tan mentada frase o actitud de procedimiento que dice en laxas palabras:

“Donde dije: Digo quise decir Diego”.

Perdónenme este lapsus, pero como ustedes comprenderán la sangre tira mucho, ya haya desaparecido ésta de cualquier forma trágica y el ansia de JUSTICIA, que no de venganza, tira todavía más.

¿No están de acuerdo conmigo?

Y fue este pasado 14 de septiembre de 2018, en la sala de conferencias del museo Elder, que tuve la gratificante experiencia de escuchar las palabras de dos de estos hombres de recto proceder. Por orden de participación:



El primero José Gilberto Moreno el cual se expresó de la siguiente manera:

“… El lunes se celebró un evento, con un teatro lleno en Arucas, para conmemorar uno de los episodios, simbólicos, de la emigración canaria que no es otro que el centenario...

En el próximo año, el día 10 de septiembre del 2019, se conmemorará y desarrollará, durante estos 12 meses, una serie de actos para sensibilizar e investigar nuestra historia y hacernos partícipes de lo que ha significado para las canarias y canarios, para toda una sociedad, en estos últimos cien años, los episodios de la emigración.

El episodio del Valbanera deja una huella imborrable que en actos como el de hoy, que son necesarios que no caigan en el olvido, porque al fin y al cabo permanecen presentes en lo que incluso hoy en día la conectividad, la emigración, los sistemas de movimiento de personas buscando, fundamentalmente, sus necesidades básicas… Buscando, no una vida mejor sino simplemente una vida. Toman rumbo, a veces sin rumbo, para ver si esa vida es encontrada o no.  

Hoy… para definirnos realmente:
¿Cuál fue ese episodio?

¿Qué ocurrió realmente con el naufragio del Valbanera?

¿Qué misterios encerró?

¿Qué preguntas todavía tenemos abiertas y sin respuesta?

A ese naufragio donde perecieron, en un número; pero que sin lugar a dudas, seguro, que Don Julio nos dirá…

Y todavía sin saber el número exacto, entre las más de 500 personas que perecieron en esa ruta o en esa incursión de no poder haber entra en La Habana después de haber embarcado en Gran Canaria, Tenerife, en la Palma, la gran mayoría, canarios y canarias, que siguen sepultados en arena, bajo el mar, en el Cabo de Florida, y que cien años después, noventa y nueve años y cuatro días que se cumplen hoy, después, de ese episodio; pues todavía se guardan hoy muchos misterios, pero no una historia que, simplemente, significa como la gente cogía su ropa, su vestido, sus calderos, su banqueta, su blog, su bolso, establecieron un viaje de semanas, metidos en bodega, porque su categoría no les permitía otra cosa y no vieron más la luz.

Ese episodio, Don Julio se ha ocupado, con diferentes colectivos, con diferentes personas, que ese olvido no se produzca desde hace muchos, muchos años, ha sido investigador; pero sobretodo divulgador de una historia…
La Asociación Coleccionistas Marítimos, que doy la bienvenida a su presidente, Don Juan Rodríguez Castillo y a sus componentes...

La Asociación Cultural Salsipuedes, le doy también la bienvenida a sus componentes de Arucas, pertenezco a ellos también…

Don Juan Miguel Sánchez promotor, también, de todas estas iniciativas en su perfil @centenariovalbanera, también divulga todo este contexto y desde hace muchos años, uno de los últimos que recibió al último pasajero vivo del Valbanera, noventa y pico de años; pues viajó siendo niño, pero tuvo la suerte de ser homenajeado en vida…

En todo este contexto, Don Julio, es un hombre que conoce todo lo que ocurre en un barco, lo que ocurre en la mar, no en vano él ha sido toda su vida profesional oficial de la Marina Mercante.

Don Julio González Padrón es teldense. Es un hombre que tenemos vinculado a nuestra isla. Él se incorporó a la Naviera Pinillos y fue delegado provincial de esa naviera y, actualmente, es delegado provincial de La Real Liga Naval española en Las Palmas de Gran Canaria. Él… trae un libro en su bolso; pero ha tenido muchos libros publicados, vale, todos vinculados al tema de la mar, al tema del puerto, todas sus obras con un denominador común, ¡no!, que es el negocio marítimo: los hombres, las mujeres, las costumbres, el mar en sí mismo…

Por eso tenerlo hoy aquí para abrir esta serie de actos y para abrir este ciclo de conferencias, porque la idea que es que este ciclo de conferencias corra por toda la isla de Gran Canaria, por todas las siete islas y ¡porque no! por todo el territorio del circuito, que él nos explicará muy bien, que hizo la última travesía del Valbanera.

Ya en esa divulgación:

Los numerosos artículos periodísticos en revistas especializadas, en programas de radio, han tenido siempre al Valbanera como un símbolo en su sentir…

Porque es un hombre que ha interiorizado también esta historia y que sabe perfectamente a través de su experiencia marítima lo que significa también navegar y lo que significa también naufragar y eso lo hizo también fundador del grupo Caballeros del Puerto de la Luz y estamos hablando de una persona que en 2012 fue galardonado con el premio en la modalidad A Una Vida Profesional en el entorno marítimo portuario por La Fundación del Puerto La Luz. Y como él dice, y ya los dejo con él, me despido con su lema favorito:

“A la mar me voy. Mis obras te dirán quien soy.”
…”



Y el conferenciante Don Julio González Padrón, fiel a su naturaleza y esencia, tras dar los saludos de rigor, se expresó de ésta -trataré de resumirla sin que pierda su sustancia, pues está llena de muchos matices, momentos duros y divertidos-:

“… Yo que había tirado la toalla, tengo que decirlo, que me encontraba desanimado después de tantos años y de tanto luchar me llevé una sorpresa, el pasado lunes, se cumple el cien aniversario del hundimiento, la tragedia, y me invitan a Arucas. Me dicen:

“Vente a Arucas que vamos a hacer representación”.

Y me quedo asombrado, me quedo maravillado, no por la cantidad de gente que sí que se llenó aquello que es importante; sino lo otro, lo que me llamó la atención, los conocimientos que tenían la gente de Arucas del tema. Yo que creía que esto era un cuento que no lo sabía nadie, porque…

Sí, yo llevo desde el año 2000 dando conferencias, todos los diez de septiembre, luchando porque no se pierda esta memoria; pero bueno la gente oía la conferencia y después se olvida y pero cuando el otro día en Arucas…

Me emocionó, me emocionó porque desde aquel viejito que me saludó hasta el niño joven todo el mundo sabía y sentía el tema del Valbanera y llegue encantado a casa…”

Y comenzó a entonar la primera anécdota que tenía que ver con un tercer oficial mentado, que resultó ser él mismo, y lo sucedido con la visualización de un brazalete negro en el hombro de un marino el cual le llevó a pensar que estaban de luto, ya fuera por la muerte de un familiar o por la muerte de la reina, a ésta última llego tras visualizar una bandera a media asta, pero la realidad le superó al comprobar que guardaban luto por lo sucedido con el Titanic y que tras irse al camarote y estar dentro de él sintió vergüenza:

“… Sí, vergüenza ajena…”

Subrayó sin titubear y visiblemente afligido por aquel aún duradero recuerdo, acentuando varios matices más, continuó quejándose:

“… Y nosotros, los españoles que hemos sido los dueños del mundo, que la mar es la que nos dio la grandeza, ¿no tenemos nada que celebrar?…”

Y seguido arañó en el cajón de sus recuerdos como tomó contacto con la tragedia del Valbanera que le había contado un tío venido de cuba en forma de cuento o cuento interrumpido y entonces pensó, en la soledad de su camarote, el buscar información veraz sobre la verdadera historia del Valbanera y con lo primero que se topó fue con una historia novelada sobre el barco y después otro, otro y otro libro y entonces empezó, en el transcurso del tiempo, a verlo de forma técnica, en detrimento de la versión novelada, además de comprobar que en esa historia real había muchas lagunas.

“… Recuerdo uno de los libros que lo escribió una francesa que se llamaba: “Todos somos hijos del Valbanera”, era el título, que ese me impresionó porque… Ahora que lo veo me hecho a reír. Yo no sé de dónde sacó esa mujer… Como novela está fabulosa, pero como libro de historia no sirve. Entonces me llamó la tensión que nadie había escrito historia, todo el mundo había escrito de oídas que si uno tal, otro, e incluso uno le llamó el barco de las putas, sí, el barco de las putas. A ver de dónde sacó él eso. Todas esas cosas le intrigó a ese quijote que todos tenemos dentro…” dijo y a partir de este punto comenzó a rememorar sus diferentes estudios dentro de los cuales acuñó que el barco no se hundió:

“… El día nueve, sino el diez…”

Y desde ese entonces comenzó a homenajear, todos los diez de septiembre, a los desaparecidos. Llamándole la tensión el gran desconocimiento que había sobre el tema a todos los niveles. Llevándole este hecho a acuñar la siguiente frase:


“… El Valbanera es el Titanic español o el Titanic de los pobres…”

Y tras darle las gracias a Salsipuedes, nuevamente, por defender con estas jornadas y trabajo la memoria histórica del hundimiento-tragedia pasó a hacer la comparativa entre la tragedia del JK-5022 y la del Valbanera, poniendo en relevancia que si en el barco no hubo ninguna asociación o acción para dignificar la memoria de los fallecidos en la del avión sí; pero matizando que en los dos casos las compañías aseguradoras pusieron un ácido acento cuando hubo que hacer caja al pagar las indemnizaciones y pobre de aquel mal intencionado que esgrima el argumento de que los familiares de los fallecidos en Barajas solamente tenemos la intención de cobrar y no hacer justicia. Que no se atrevan a mentármelo porque si escucho tamaña atrocidad ejerceré a título individual, si lo puedo probar, acciones judiciales. Ya que tamaña mentira no la aguanta mi naturaleza pacífica.

“… Aplaudo a las autoridades Cabildisias porque con esta gente les hicieron un monumento y todos los años les tiran unas flores… Ya sé, ya sé, Dieppa que esto no consuela, sé que tu hermana no te la va a devolver nadie; pero sabes… el consuelo de que alguien se está preocupando de ello…” dijo y seguido a lo expresado recordó que está aprobado por el Ayuntamiento, de forma unánime, un monumento.

Ya llegado en este punto empezó a profundizar en datos técnicos, siguiendo intercalando las explicaciones de los giros de maniobras navales hasta el mismo final de la conferencia. Momento en el cual el Director del Museo Elder volvió a tomar la palabra y cerrar el acto comentando que cuando según escuchó de Julio que el barco con toda probabilidad quedó sin gobierno le vino a la mente la tercera representación de la obra el Valbanera en Arucas; pues en ésta, un despiste de un actor en uno de los puntos técnicos dejó a oscura y sin gobierno el barco construido sobre el escenario. Situación análoga al hundimiento del barco.
Felicitar al Museo Elder por acoger esta conferencia, a Salsipuedes por promover la batería de actos para el centenario y a Julio González Padrón por su conferencia, además de felicitar a todos aquellos que participan, que han escrito o que se interesarán por defender la memoria de los que la desidia institucional casi la borra de su esencia.


¡Claro, porque eran emigrantes!

 Alejandro Dieppa León.
Por una sociedad mejor,
por un mundo más justo.

Frase y micro cuento de mi serie: Meditando en un templo Shaolín.
y fotos aportadas por el escritor teldense Jesús Ruiz Mesa.

Fotomontaje de foto principal de mi álbum personal.



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