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CONTADOR DESDE EL 01-09-2015

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sábado, 4 de junio de 2011

MI CITA Y CUENTO CORTO: SOLIDARIDAD EN NUEVA DELHI. DEL 04 DE JUNIO DEL 2011.


QUERIDO HIJO...



LA SOLIDARIDAD ES UN GESTO POSITIVO DEL BUEN SER HUMANO.

MEDÍTALA, CULTÍVALA, FOMÉNTALA Y VIVIRÁS EN UN MUNDO MEJOR...

MEDITO LA QUE HE FOMENTADO...

MEDITEMOS LA QUE NO HEMOS SEMBRADO POR NUESTRA CODICIA...

CUENTO CORTO: SOLIDARIDAD EN NUEVA DELHI. 

Paseando por aquella calle como turista en un lujoso coche alquilado a mi llegada a Nueva Delhi, capital de la India, nunca pensé en encontrarme, en aquella parte de la ciudad, con la viva imagen de la brutal miseria y la insolidaria indiferencia...

A rupee, please. (Una rupia, por favor) —escuché pedirme a aquella sucia, piojosa y despeinada niña, que vestía una vieja falda deshilachada y una ligera camiseta, color rosa, desde detrás del cristal de mi coche cuando paré, cerca de ella, por motivos de la circulación, solamente por motivos de circulación, debo ser sincero y confesarlo. Detalle que aún, a fecha actual, me duele y me retuerce el alma.

En un primer momento, aquellos ojos libres de ataduras mercantilistas, inocentes como una perla negra recién cogida, sellaron mis labios y hasta mi reacción que volvió a la cruda realidad cuando repitió en un tono nítido:

A rupee, please. (Una rupia, por favor) —según golpeaba, suavemente, con el cacharro lleno de leche, que apretaba su delicada mano derecha, el  insensible cristal de la distancia que nos separaba.

Automáticamente mi dedo índice de la mano izquierda presionó el botón del mando para bajar el cristal al mismo tiempo que escuchaba decir a mi esposa:

—¡Y qué te esperabas encontrar en este infecto país! Mendigos... Este es un país de mendigos...

En aquel instante, sentí ganas, por primera vez en mi vida, de darle una bofetada a aquella mujer que se había casado conmigo hacía treinta años y que se había vuelto una egoísta a medida que el nivel adquisitivo de nuestra familia había aumentado a costa del esfuerzo de mi trabajo como comercial de una empresa de medicamentos; pero mi naturaleza humanista y el respeto por el sexo femenino me impidió hacer una locura de la cual me hubiese arrepentido el resto de mi vida; por eso, después de bajar el cristal del todo, y tras haber cogido todas las monedas y billetes que guardaba en mi bolsillo de la camisa saqué la mano por la ventana y justo cuando la niña extendía la palma de su mano la brutal fuerza policial, en forma de un gigante bigotudo que se encargaba de apartar a los indigentes de casta baja de los muchos turistas, agarró a la niña por la camiseta, levantó su liviano cuerpo en el aire y seguidamente lo depositó bruscamente en el bordillo de la acera.

—Pero... ¡Qué coño haces jodido gilipollas! —dije en mi idioma y aunque el policía no hablaba español si pudo alcanzar el sentido de la reprimenda; por eso, y mirándome de reojo, se alejó en busca de otra víctima infantil, de las muchas que había esparcidas, como pulgas sobre el lomo de un perro gordo, por toda la ancha calle.

Unos metros más adelante aparqué el coche y contra la voluntad de mi mujer caminé el trecho de diferencia social que me separaba de aquella niña, a paso ligero, y cuando estuve a su altura acaricié su pegajoso pelo mientras le ponía en sus manitas una cantidad de dinero más que sustancial para la economía de aquella familia.

Con pena me alejé, máxime al verme rodeado de más ratoncitos de calle que me demandaban un poco de queso para sus ansiosos estómagos y llegados al lujoso hotel hablé con mi esposa y le pedí que adoptásemos a aquella niña de ojos negros. Tras varios días de malas caras, no sé porqué motivos, mi esposa aceptó. Quizás influyera la falta de hijos en nuestro matrimonio.

Hoy que tengo noventa y cinco años y que poco me falta para partir de este mundo, me recreo en nuestra hija de ojos negros que vino con nosotros de la India, en especial, como, ya convertida en una hermosa mujer, peina el pelo de su madre, mí, desde aquellos días, solidaria esposa.

Pensamiento:

Si te sobra comparte, si te falta simplemente pídelo. No hay nada malo en ello.

Alejandro Dieppa León.
Por un mundo mejor,
por una sociedad más justa.

Foto de mi álbum personal.

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