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domingo, 16 de septiembre de 2018

FRASE Y CUENTO: ADVERSIDAD.

Querido hijo…

Si te rindes ante la adversidad las penas terminarán matándote.

Medita.

Cuento:                                             Jacinto Mata Penas.

Jacinto Mata Penas había nacido una tarde de luz penetrante y calor cuasi irrespirable, asfixiante, en el Sor Mártir de la Paz, una clínica privada para gente de clase media, tras un parto difícil que había puesto la vida del niño y la madre en jaque; pero que había finalizado bien, tanto para la madre como para el recién nacido, gracias a que Don Antonio Pérez Santino, un ginecólogo comprometido con los pacientes que más engrosaban su cuenta de resultados, se preocupó durante todo el embarazo en controlar a la ya recién parida.

El tiempo, custodio temporal de la vida de sus pasajeros, en los primeros años de vida acurrucó a Jacinto, entre sábanas de algodón y los aromáticos giros familiares, entre los sutiles cuidados de una madre inteligente, sacrificada y preocupada por la salud de su vástago y los toques de atención de un padre que solamente se preocupaba -fruto de una educación ribeteada de matices arcaicos- por traer dinero a su casa, ver si la nevera estaba llena y descansar lo suficiente para volver a su trabajo al día siguiente.

Ya de joven Jacinto, que destacaba en inteligencia y capacidad de aprendizaje, no pudo concluir el bachillerato porque la misma inteligencia que lo potenciaba lo frustraba cuando se daba cuenta que su futuro no solamente dependía de él sino de la relación que tuviera con los seres humanos del entorno donde se moviera y sobre todo con los del mundo juvenil que estaba saturado de hormonas, roles sociales donde la crueldad primaba ante la compasión y donde las escasas amistades, de cuestionado valor, fueron escollos que le llevaron, en el trazo de su existencia, a convertirse en un adulto esquivo que se preocupaba por lo que tenía solución y por lo que no también; pero aún así tuvo la suerte de conocer a una hermosa mujer que le devolvió a las estrechas y anchas calles y avenidas de la cotidianeidad.

—Jacinto… Cuanto tiempo hombre —se abrió de brazos un viejo conocido del instituto, que no amigo sincero, al mismo tiempo que acompañaba el saludo de una cetrina mueca un inesperado día de otoño.

—Hola, Tomás —había titubeado si saludarlo o aparentar el no conocerlo; pero lo correcto, la cortesía, la elegancia en el gesto le pudo.

—¿Cómo te va la vida? —tuvo la poca vergüenza de posarle su mano derecha sobre el hombro derecho— Jacinto espabila, coño… Que soy yo tu viejo amigo de instituto —lo zarandeó cuando posó la izquierda en el hombro caído, agónico, que la esperaba aceptando su destino esbozando una cetrina mueca.

—Pues bien —no pudo evitar el balbucear y su maligno interlocutor se lo notó; pues la mala hierba se alimenta de la debilidad de las otras plantas que crecen a su alrededor.

El forzado diálogo entre mente golpeada y bateador poco piadoso se extendió una eternidad para el más deteriorado y un suspiro para el que se deleitaba con su sufrimiento; pues este último volvió a tocar el viejo palo de la burla de su apellido, cosa de la cual se culpó Jacinto de camino a su casa, con la cabeza agachada, rumiando mil y una penas y amarguras que ya creía enterradas, podadas de su árbol de vida.

—¿Qué te pasa amor? —se acercó a su marido rápidamente.

—No… No, nada… —la apartó sin brusquedad buscando la oscura soledad de su dormitorio dándole la escusa a su mujer que padecía un inesperado e inevitable dolor de cabeza.

Al día siguiente Jacinto se levantó de la cama para ir a su trabajo, como si nada hubiera pasado, aunque en su interior aquel inesperado encuentro con el conocido del instituto marcó un antes y un después en el navegar de su vida convirtiendo a Jacinto en un ser quejica que en vez de afrontar los problemas y retos de su vida prefería ampararse en la queja, la desgana y la desidia.

Aquella actitud hizo mella en su fuente de ingresos, su trabajo, y como era de esperar en una sociedad competitiva: Jacinto fue fulminantemente despedido. Hecho que convirtió su vida en un calvario; pues tuvo que aceptar todo lo que le ofrecían en las peores condiciones laborales.

Jacinto, con los años, desarrolló varias patologías médicas que le dificultaban desarrollar las tareas que le tocaban en suerte de una manera eficaz; pero en vez de ponerle remedio siguió sumido en su inercia de queja y pesadumbre. Hasta que un día, en el mismo lugar donde se topara años atrás con el nefasto Tomás, se tropezó con una pareja, también de viejos conocidos de instituto, que no pudo esquivar.

—Jacinto me alegro de verte —sonó nítido en su angustia.

Jacinto no pudo escaparse, ya era demasiado tarde,

—Hola Elena, hola Jonás —el tono triste de su agonía relució ante sus antiguos compañeros.

Jacinto Mata Penas no fue fiel a su nombre, fue fiel a la agonía, a su tortura mental, a la continua catalogación de sus enfermedades físicas para encubrir con ellas la que realmente debería haber tratado; pero Jonás que siempre lo había apreciado le miró fijamente a la cara y le espetó, sin miramientos, con el látigo de la sinceridad y con la intención de ayudar:

—Muchacho entiendo tus lesiones físicas —acentuó serio, seguro— y no te voy a decir que son moco de pavo: pero —se remangó la camisa del brazo izquierdo— ves ésta cicatriz —señaló y seguido le mostró como se le había quedado el fémur de la pierna izquierda, subrayando que tenía en ella un implante de metal, para después explicarle con todo lujo de detalles: Cómo se había quedado cojo y con el hombro casi sin movimiento.

—¿Y tú crees que él dejó que la vida lo dejara impedido o postrado en una cama para siempre? No, señor, no —interrumpió la esposa de su interlocutor, Margarita, la también antigua compañera de estudios.

—Ya, ya, ya —no pudo evitar el encoger el ánimo y el cuerpo.

—Espabila Jacinto y se fiel a tu apellido Mata Penas y no te tomes a mal que te recuerde tu cruz en el “insti”. ¡Coño! Si eras el mejor de la clase… y no… y no entiendo, puñetas, como dejaste los estudios porque un grupo de putos cabrones se rieron de ti por tus apellidos. Eso nunca lo entendí. Si era tan sencillo como cambiar el sentido de la energía con la que te golpeaban. Mata Penas, Jacinto, no es un mote o una burla. Mata Penas es un lema de vida, un camino, un fin… Joder, espabila, y deja de quejarte…

—Pero cariño no te das cuenta que le estás gritando…

—Sí, joder, porque no entiendo como una mente como la suya dejó que la ignorancia le ganase la partida.

Aquella sacudida elevada de tono agitó el interior de Jacinto y a partir de aquel día, como mismo le sucediera cuando se encontró con el maléfico Tomás, Jacinto fue fiel a sus apellidos y pena que le venía en su vida la mataba con muchas dosis de humor, amplitud de miras y reafirmación personal.

En definitiva Jacinto Mata Penas se transformó en un ser humano positivo y alegre cualidades que fueron un vitalista cambio en su vida matrimonial, vecinal y laboral.

Alejandro Dieppa León.
Por una sociedad mejor,
por un mundo más justo.

Frase y cuento de mi serie: Meditando en un templo Shaolín.

Fotomontaje de mi álbum personal.

Derechos de propiedad intelectual literarios y de imagen reservados al y del autor: Alejandro Dieppa León.

sábado, 15 de septiembre de 2018

FRASE, MICRO RELATO Y COLUMNA: JULIO GONZÁLEZ PADRÓN ATRACA EL BARCO DE LA MEMORIA EN EL MUSEO ELDER.


Querido hijo…

Cuando el barco de la memoria lo capitanean hombres de recto proceder ésta no es ahogada por el ciclón del tiempo.

Meditémoslos, respaldémoslos y sobre todo sigamos su humilde ejemplo.

Micro relato:

Los gritos, entre arañazos sangrantes, empujones buscando la única salida y la asfixiante desesperación en la oscuridad en sus ataules de metal, se anudaban los unos a los otros, se golpeaban los unos a los otros, enhebrando negros presagios marineros, mientras poco a poco se los tragaba la mar.

–Capitán el barco se ha quedado sin gobierno –había silbado el viento, pero nadie lo escucho…

Nadie…

Ni en la mar, ni en la tierra, ni en el cielo…



He querido empezar esta columna, primero, con esta frase, pensamiento que también ilustrará el libro de frases y cuentos que he estado y aún estoy escribiendo desde hace años, para ennoblecer y homenajear a todos y cada uno de los que, en su justa medida, honran la memoria de nuestros antepasados desvistiéndose, , desvistiéndose, de la chaqueta de la rancia vanidad y vistiendo la transparente vestimenta de la justicia histórica, que no de la justicia terrenal, no; pues ésta, que debería coronar el áureo laurel de lo ético, está sujeta a los movimientos de la marea de los corruptos intereses personales de un mercantilismo que el tiempo no consigue humanizar, sino todo lo contrario lo sigue reafirmando; pues aún se huele y se padece su pestilente fragancia a la que ellos la llaman:

Lo correcto a la ley de la letra pequeña”.

Créanme que siempre han existido y existen seres humanos así, me refiero a los honestos y a los deshonestos, y por si alguno de ustedes duda de mi afirmación en lo referente a los primeros sumérjanse en las entrañas de Salsipuedes o caminen por distintas áreas de nuestra sociedad escuchando los latidos del corazón que no de las agradables tonalidades de la voz que engatusan y en duermen los sentidos; porque quien suele defender estos lares del tiempo con más ahínco que los que ahuecan el tono para agradar no visten de Gucci, Armani, Christian Dior o Prada. Quien los defiende con más fervor suelen, en nuestra agitada tierra, comprar en el Hiperdino, Mercadona o Spark mientras caminan por las calles esquivando los codazos de la vida.   

Y he continuado, exprimiendo a mi imaginación, con un micro relato que comprimiese lo que sería los últimas horas de todos y cada uno de los que tuvieron la desgracia de perecer en el hundimiento-tragedia del Valbanera y créanme que para mi ha sido un autentico ejercicio de vaciado emocional; pues cada vez que trataba de expresarlo se me venían a la mente las posibles imágenes de cómo podría haber muerto mi hermana en la tragedia aérea del aeropuerto de Barajas –JK5022-, que no, no y no, fue tragedia de tráfico como así la tipificaron los deshumanizados mercantilistas y juristas para que el bolsillo de aquellos que dicen asegurar nuestro futuro cuando algo inscrito en la póliza de vida se cumple se salen del tiesto con la tan mentada frase o actitud de procedimiento que dice en laxas palabras:

Donde dije: Digo quise decir Diego”.

Perdónenme este lapsus, pero como ustedes comprenderán la sangre tira mucho, ya haya desaparecido ésta de cualquier forma trágica y el ansia de JUSTICIA, que no de venganza, tira todavía más.

¿No están de acuerdo conmigo?

Y fue este pasado 14 de septiembre de 2018, en la sala de conferencias del museo Elder, que tuve la gratificante experiencia de escuchar las palabras de dos de estos hombres de recto proceder. Por orden de participación:



El primero José Gilberto Moreno el cual se expresó de la siguiente manera:

“… El lunes se celebró un evento, con un teatro lleno en Arucas, para conmemorar uno de los episodios, simbólicos, de la emigración canaria que no es otro que el centenario...

En el próximo año, el día 10 de septiembre del 2019, se conmemorará y desarrollará, durante estos 12 meses, una serie de actos para sensibilizar e investigar nuestra historia y hacernos partícipes de lo que ha significado para las canarias y canarios, para toda una sociedad, en estos últimos cien años, los episodios de la emigración.

El episodio del Valbanera deja una huella imborrable que en actos como el de hoy, que son necesarios que no caigan en el olvido, porque al fin y al cabo permanecen presentes en lo que incluso hoy en día la conectividad, la emigración, los sistemas de movimiento de personas buscando, fundamentalmente, sus necesidades básicas… Buscando, no una vida mejor sino simplemente una vida. Toman rumbo, a veces sin rumbo, para ver si esa vida es encontrada o no.  

Hoy… para definirnos realmente:
¿Cuál fue ese episodio?

¿Qué ocurrió realmente con el naufragio del Valbanera?

¿Qué misterios encerró?

¿Qué preguntas todavía tenemos abiertas y sin respuesta?

A ese naufragio donde perecieron, en un número; pero que sin lugar a dudas, seguro, que Don Julio nos dirá…

Y todavía sin saber el número exacto, entre las más de 500 personas que perecieron en esa ruta o en esa incursión de no poder haber entra en La Habana después de haber embarcado en Gran Canaria, Tenerife, en la Palma, la gran mayoría, canarios y canarias, que siguen sepultados en arena, bajo el mar, en el Cabo de Florida, y que cien años después, noventa y nueve años y cuatro días que se cumplen hoy, después, de ese episodio; pues todavía se guardan hoy muchos misterios, pero no una historia que, simplemente, significa como la gente cogía su ropa, su vestido, sus calderos, su banqueta, su blog, su bolso, establecieron un viaje de semanas, metidos en bodega, porque su categoría no les permitía otra cosa y no vieron más la luz.

Ese episodio, Don Julio se ha ocupado, con diferentes colectivos, con diferentes personas, que ese olvido no se produzca desde hace muchos, muchos años, ha sido investigador; pero sobretodo divulgador de una historia…
La Asociación Coleccionistas Marítimos, que doy la bienvenida a su presidente, Don Juan Rodríguez Castillo y a sus componentes...

La Asociación Cultural Salsipuedes, le doy también la bienvenida a sus componentes de Arucas, pertenezco a ellos también…

Don Juan Miguel Sánchez promotor, también, de todas estas iniciativas en su perfil @centenariovalbanera, también divulga todo este contexto y desde hace muchos años, uno de los últimos que recibió al último pasajero vivo del Valbanera, noventa y pico de años; pues viajó siendo niño, pero tuvo la suerte de ser homenajeado en vida…

En todo este contexto, Don Julio, es un hombre que conoce todo lo que ocurre en un barco, lo que ocurre en la mar, no en vano él ha sido toda su vida profesional oficial de la Marina Mercante.

Don Julio González Padrón es teldense. Es un hombre que tenemos vinculado a nuestra isla. Él se incorporó a la Naviera Pinillos y fue delegado provincial de esa naviera y, actualmente, es delegado provincial de La Real Liga Naval española en Las Palmas de Gran Canaria. Él… trae un libro en su bolso; pero ha tenido muchos libros publicados, vale, todos vinculados al tema de la mar, al tema del puerto, todas sus obras con un denominador común, ¡no!, que es el negocio marítimo: los hombres, las mujeres, las costumbres, el mar en sí mismo…

Por eso tenerlo hoy aquí para abrir esta serie de actos y para abrir este ciclo de conferencias, porque la idea que es que este ciclo de conferencias corra por toda la isla de Gran Canaria, por todas las siete islas y ¡porque no! por todo el territorio del circuito, que él nos explicará muy bien, que hizo la última travesía del Valbanera.

Ya en esa divulgación:

Los numerosos artículos periodísticos en revistas especializadas, en programas de radio, han tenido siempre al Valbanera como un símbolo en su sentir…

Porque es un hombre que ha interiorizado también esta historia y que sabe perfectamente a través de su experiencia marítima lo que significa también navegar y lo que significa también naufragar y eso lo hizo también fundador del grupo Caballeros del Puerto de la Luz y estamos hablando de una persona que en 2012 fue galardonado con el premio en la modalidad A Una Vida Profesional en el entorno marítimo portuario por La Fundación del Puerto La Luz. Y como él dice, y ya los dejo con él, me despido con su lema favorito:

A la mar me voy. Mis obras te dirán quien soy.
…”



Y el conferenciante Don Julio González Padrón, fiel a su naturaleza y esencia, tras dar los saludos de rigor, se expresó de ésta -trataré de resumirla sin que pierda su sustancia, pues está llena de muchos matices, momentos duros y divertidos-:

“… Yo que había tirado la toalla, tengo que decirlo, que me encontraba desanimado después de tantos años y de tanto luchar me llevé una sorpresa, el pasado lunes, se cumple el cien aniversario del hundimiento, la tragedia, y me invitan a Arucas. Me dicen:

“Vente a Arucas que vamos a hacer representación”.

Y me quedo asombrado, me quedo maravillado, no por la cantidad de gente que sí que se llenó aquello que es importante; sino lo otro, lo que me llamó la atención, los conocimientos que tenían la gente de Arucas del tema. Yo que creía que esto era un cuento que no lo sabía nadie, porque…

Sí, yo llevo desde el año 2000 dando conferencias, todos los diez de septiembre, luchando porque no se pierda esta memoria; pero bueno la gente oía la conferencia y después se olvida y pero cuando el otro día en Arucas…

Me emocionó, me emocionó porque desde aquel viejito que me saludó hasta el niño joven todo el mundo sabía y sentía el tema del Valbanera y llegue encantado a casa

Y comenzó a entonar la primera anécdota que tenía que ver con un tercer oficial mentado, que resultó ser él mismo, y lo sucedido con la visualización de un brazalete negro en el hombro de un marino el cual le llevó a pensar que estaban de luto, ya fuera por la muerte de un familiar o por la muerte de la reina, a ésta última llego tras visualizar una bandera a media asta, pero la realidad le superó al comprobar que guardaban luto por lo sucedido con el Titanic y que tras irse al camarote y estar dentro de él sintió vergüenza:

“… Sí, vergüenza ajena…”

Subrayó sin titubear y visiblemente afligido por aquel aún duradero recuerdo, acentuando varios matices más, continuó quejándose:

“… Y nosotros, los españoles que hemos sido los dueños del mundo, que la mar es la que nos dio la grandeza, ¿no tenemos nada que celebrar?…”

Y seguido arañó en el cajón de sus recuerdos como tomó contacto con la tragedia del Valbanera que le había contado un tío venido de cuba en forma de cuento o cuento interrumpido y entonces pensó, en la soledad de su camarote, el buscar información veraz sobre la verdadera historia del Valbanera y con lo primero que se topó fue con una historia novelada sobre el barco y después otro, otro y otro libro y entonces empezó, en el transcurso del tiempo, a verlo de forma técnica, en detrimento de la versión novelada, además de comprobar que en esa historia real había muchas lagunas.

“… Recuerdo uno de los libros que lo escribió una francesa que se llamaba: “Todos somos hijos del Valbanera”, era el título, que ese me impresionó porque… Ahora que lo veo me hecho a reír. Yo no sé de dónde sacó esa mujer… Como novela está fabulosa, pero como libro de historia no sirve. Entonces me llamó la tensión que nadie había escrito historia, todo el mundo había escrito de oídas que si uno tal, otro, e incluso uno le llamó el barco de las putas, sí, el barco de las putas. A ver de dónde sacó él eso. Todas esas cosas le intrigó a ese quijote que todos tenemos dentro…” dijo y a partir de este punto comenzó a rememorar sus diferentes estudios dentro de los cuales acuñó que el barco no se hundió:

“… El día nueve, sino el diez…”

Y desde ese entonces comenzó a homenajear, todos los diez de septiembre, a los desaparecidos. Llamándole la tensión el gran desconocimiento que había sobre el tema a todos los niveles. Llevándole este hecho a acuñar la siguiente frase:


“… El Valbanera es el Titanic español o el Titanic de los pobres…”

Y tras darle las gracias a Salsipuedes, nuevamente, por defender con estas jornadas y trabajo la memoria histórica del hundimiento-tragedia pasó a hacer la comparativa entre la tragedia del JK-5022 y la del Valbanera, poniendo en relevancia que si en el barco no hubo ninguna asociación o acción para dignificar la memoria de los fallecidos en la del avión sí; pero matizando que en los dos casos las compañías aseguradoras pusieron un ácido acento cuando hubo que hacer caja al pagar las indemnizaciones y pobre de aquel mal intencionado que esgrima el argumento de que los familiares de los fallecidos en Barajas solamente tenemos la intención de cobrar y no hacer justicia. Que no se atrevan a mentármelo porque si escucho tamaña atrocidad ejerceré a título individual, si lo puedo probar, acciones judiciales. Ya que tamaña mentira no la aguanta mi naturaleza pacífica.

“… Aplaudo a las autoridades Cabildisias porque con esta gente les hicieron un monumento y todos los años les tiran unas flores… Ya sé, ya sé, Dieppa que esto no consuela, sé que tu hermana no te la va a devolver nadie; pero sabes… el consuelo de que alguien se está preocupando de ello…” dijo y seguido a lo expresado recordó que está aprobado por el Ayuntamiento, de forma unánime, un monumento.

Ya llegado en este punto empezó a profundizar en datos técnicos, siguiendo intercalando las explicaciones de los giros de maniobras navales hasta el mismo final de la conferencia. Momento en el cual el Director del Museo Elder volvió a tomar la palabra y cerrar el acto comentando que cuando según escuchó de Julio que el barco con toda probabilidad quedó sin gobierno le vino a la mente la tercera representación de la obra el Valbanera en Arucas; pues en ésta, un despiste de un actor en uno de los puntos técnicos dejó a oscura y sin gobierno el barco construido sobre el escenario. Situación análoga al hundimiento del barco.
Felicitar al Museo Elder por acoger esta conferencia, a Salsipuedes por promover la batería de actos para el centenario y a Julio González Padrón por su conferencia, además de felicitar a todos aquellos que participan, que han escrito o que se interesarán por defender la memoria de los que la desidia institucional casi la borra de su esencia.


¡Claro, porque eran emigrantes!

 Alejandro Dieppa León.
Por una sociedad mejor,
por un mundo más justo.

Frase y micro cuento de mi serie: Meditando en un templo Shaolín.
y fotos aportadas por el escritor teldense Jesús Ruiz Mesa.

Fotomontaje de foto principal de mi álbum personal.



martes, 11 de septiembre de 2018

COLUMNA: 10 POR 10 IGUAL A 100 AÑOS DEL HUNDIMIENTO DEL VALBANERA CUYA MEMORIA ES HONRADA POR SALSIPUEDES CON SU NUTRIDA PROGRAMACIÓN DE ACTOS 2018-2019.


Seguramente alguna persona de bien, puede ser usted mismo querido lector o lectora, que ha sentido la sana curiosidad de comenzar a leer esta columna, y por lo que me toca en suerte le doy de antemano las fraternales gracias, se plantease, alguna vez en su vida, ante el inesperado conocimiento de una tragedia, presente o pasada, ya sea a través de un medio de comunicación como lo puede ser la prensa escrita, radio, televisión o internet o siguiendo la senda boca oído que tan bien ha funcionado en la humanidad durante milenios:

¿Qué hubiera sido de sus familiares si usted hubiera perecido en esa hipotética tragedia solo o junto a otros miembros de su familia?

Dura sacudida para el sereno meditar de su masa neuronal plantearle tal duda llena de más oscuros que claros, si bien lo sabré yo, y tras lo dicho le pido preocupadas disculpas por ponerle en esta árida tesitura; pero nadie que no se sacuda de vez en cuando la cabeza no es capaz de quitarse el polvo de su testa le subrayo estimado lector o lectora para que medite sobre ello como mismo podría haberlo subrayado en una de mis múltiples frases dedicadas a mi hijo en la serie –Meditando en un templo shaolín– que le llevo escribiendo desde hace muchos años. Más en esta ocasión se la enhebro, a esta frase en concreto me refiero, en su pensamiento para que la tenga como reflexión de cabecera y para que la emplee cuando el tempo que rige la inercia dicotómica de su existencia y relaciones humanas la reclame para, haciendo un buen uso de ella, dar sentido y solución y hasta arquitectónica coherencia a una de sus múltiples realidades o circunstancias vitales que le pudiera haber tocado en suerte lidiar.

Dura sacudida neuronal, me repito, que, en lo referido al Valbanera, en mi caso empezó a mascullar la duda de si referirme a lo que sucedió con su travesía, el pretérito 07 de septiembre de 1919 en Cuba, como lo que fue: Un inesperado naufragio, pero verán ustedes naufragios hay muchos que tienen distintos finales, unos malos y otros menos malos; pero éste en concreto se viste de un negro vacío por su propia idiosincrasia, o siguiendo la inercia de mi meditado planteamiento referirme a lo sucedido con el Valbanera como una tragedia; pero en este caso, como en el anterior, se me antoja corto, cojo, menguado, el calificativo por eso a partir de este punto me referiré a lo sucedido con el barco como naufragio-tragedia puesto que aunque todo naufragio es en sí mismo una tragedia, esto cae por su propio peso, ésta, en concreto, se atraganta más que otras en la conciencia del que la recuerda con respeto –Salsipuedes y resto de aquellos que, haciendo un trabajo de investigación, se niegan a que la memoria de nuestra historia la borre el tiempo macerada en la insípida desidia del que, institucionalmente, está más que cualificado para evitarlo– y se atraganta en la conciencia, repito, porque ésta se torna en la boca del que la menta de un sabor ácido, como de círculo aún no cerrado, ya que este paladeo non grato nos recuerda, por simple empatía con los fallecidos, que todavía sus cuerpos yacen en el fondo del mar. Y no dude lector o lectora que cada vez que lo escribo se me “añurga”, se me atraganta para quien no conozca la acepción del canarismo, como sé que se me atragantará cuando recuerde una vez más que:

Aún están, sepultados, en el fondo del mar.

Seres humanos, canarios de diferentes partes de nuestro archipiélago en su gran mayoría, humildes, sencillos, pobres, , pobres, y emigrantes que habían salido en la mayoría de los casos para hacer las Américas, como se solía decir en épocas pasadas al buscarse la vida actual, término que lo sigue acuñando el mundo del artisteo vigente para referirse a sus giras, que no resta en su expresión al utilizarlo en este contexto sino al contrario suma porque nos sigue recordando la esencia misma de esta sencilla sentencia:

Que para prosperar en la vida en determinadas ocasiones tenemos que emigrar a otros lugares para salir del cúmulo de necesidades que nos agobian.

Ojalá, ojalá, ojalá, como bien expresó y resaltó el director de Salsipuedes, José Gilberto Moreno, este pasado lunes día diez de septiembre de 2018, en el Nuevo Teatro Viejo de Arucas, con voz en off, durante el transcurso de la presentación del itinerario que hará esta entrañable asociación de Aruquenses para honrar la memoria del naufragio-tragedia del Valbanera:

“Ojala mi hijo no se vea forzado a sufrir el calvario de la emigración”.

Mujeres y hombres, solteros o casados, acompañados o no de sus vástagos o descendencia, insisto, canarios de diferentes partes de nuestro archipiélago en su gran mayoría, que no hablaban inglés, no, no lo hablaban; ni sabían hacer muchos de ellos la “O” con un canuto pues no tenían estudios; ni tampoco vestían lujosos trajes como los que lucía la clase adinerada que viajaba en el Titanic. En definitiva, coño, que este era un barco cargado de

emigrantes pobres y canarios por más ende

los cuales les importaba muy poco rescatar del fondo del mar y dar cristiana sepultura a las autoridades de aquel tiempo. ¡Uff! y parece que aún hasta las de ahora.
Claro, medítese el naufragio-tragedia en el contexto de la época.

Hago hincapié en lo anteriormente expuesto no de forma gratuita, no, sino para hacerles caer en la cuenta de que en aquellos tiempos no se podía sacar rédito mercantilista o político de este tipo de episodios porque no había prensa para que el politiquillo aprovechado de turno se pusiera frente a una cámara o micro y amortizase su interés con una serie de reportajes que solamente subrayan, para los que saben leer entre líneas no pasaría desapercibido, su verdadera intención: El quedar como lícitos defensores ante el pueblo que los contempla en deterioro de los auténticos, reputados y honorables, artífices del rescate en el tiempo de este hundimiento-tragedia. Es en este caso de recibo nombrar a la Asociación Cultural Salsipuedes, extremando el acento, por simple justicia lo pongo, en su máximo responsable José Gilberto Moreno sin dejar de lado la parte que les toca al resto de componentes y sin olvidar también a todos y cada uno de los que se han atrevido a novelar o a radiografiar por escrito este hecho histórico. Sumando a todo esto a los que lo referencian dentro de sus museos y galerías.

Pero muchos de ustedes se preguntarán, llegados a la altura de esta parte del texto, cómo es que el que lo rubrica se inviste a sí mismo de argumentos para calificar tamaña desazón de la vida o para simplemente hablar de ella; pues es tan simple como que yo soy un canario que ha perdido un familiar, una hermana, Mónica Dieppa León, en una tragedia de más proporciones que de la que hablamos, por su casuística particular la califico, en este caso tragedia no naval sino aérea, que sacudió a nuestra tierra y al resto del mundo: Un tiempo, un lugar y unos hechos que quedan bien explicados en el reportaje “Una cadena de errores” que pueden ustedes visionar en Yotube y que algunos habrán visto en nuestra televisión canaria. Sinergias en las cuales no ahondaré porque no es el momento y porque después de que le quitaran a mis padres, haciéndoles sufrir por ello, del monumento a los caídos en el accidente una pancarta, colocada el día antes de los actos institucionales, que iba en relación con lo sucedido no quiero nada más sino darme tiempo para, ataviado de paciencia, cuando llegue el justo momento, retratar a quién y el porqué dio tan fuerte e injusta patada en los sentimientos de dos ancianos que no buscaban protagonismos sino horrar a su ser querido.

Como pueden darse cuenta la vida de un familiar, y esto es un mero trazo con lo que les podría ilustrar, que ha perdido a un ser querido en una tragedia no es nada grata por eso cuando traten de contestarse a sí mismos la pregunta que les formulé al principio de esta columna háganlo siempre buscando la luz porque si se pierden en la oscuridad nunca alcanzarán la paz y la paz en este caso se alcanza con la justicia en todos sus aspectos y la justicia llega a la tragedia del Valbanera a través de todos aquellos que se han preocupado, estirando la honestidad, que su memoria, historia, no se pierda en el tiempo, que no se ahogue por la desidia…

Y el máximo éxtasis, estoy seguro de ello que tan solo por el momento, de esta justicia merecida se expresó este pasado lunes en el NuevoTeatro Viejo de Arucas por parte de la Asociación Cultural Salsipuedes a través de la presentación de un programa de actos conmemorativos sobre el centenario del naufragio de dicho barco.


Un evento lleno de matices positivos, en verdadera consonancia armónica con lo que es la idiosincrasia sonora y visual de lo que es Salsipuedes, presentado por dos de sus componentes, María González y Enrique González, de esta entrañable y más que respetable cadena de seres humanos que forman la que, más que grupo, se puede rubricar como familia de Salsipuedes donde se dieron cita todos y cada uno de los actores que se han preocupado en sacar a la luz esta tragedia.

Unos presentadores que supieron navegar por la entonación de la palabra y el gesto aderezando todo ello con espontaneas dosis de granitos de pimienta y sal humorísticos, infieles al guión marcado, que nos hicieron sentir que no había tiempo (no le rebelen este detalle al que escribió el guión pues si llega hasta sus oídos es capaz de ponerles palabras duras de leer en voz alta la próxima vez). Como también nos llevo a sentir que el tiempo no pasaba las actuaciones del grupo musical Vocal Siete que, como siempre –yo tuve, hace algunos meses, el placer de asistir a uno de sus conciertos en el restaurado y cada segundo más emblemático Museo Elder– y a través de su magistral casa de registros sonoros, vocales, que en el más estricto directo lograron poner toda una orquesta sobre el escenario del teatro.

Coño, que magistral lujo de actuación.

Dosis de tiempo que se me tornaron inexistentes también con el reportaje que nos informó de toda la casuística inherente al hundimiento-tragedia, con las entradas en escena de los asistentes invitados y con todas y cada una de las propuestas esculpidas en la pantalla del teatro para ser llevadas a cabo el próximo año 2019. Sin olvidar el hermoso gesto que tuvo el director del reportaje “Tras la senda del Valbanera” que tuvo la deferencia de ceder durante todo un año los derechos de emisión de este magnífico reportaje a Salsipuedes.

En definitiva que fue una noche plena, serena, dulce y amena, a repetir, que me permitió volver a estrechar entre mis brazos a un grupo humano el cual es ejemplo en toda la isla y del cual debería tomar ejemplo otros simplemente para darse cuenta que hacer cultura no es simplemente es ser un Yo sin humildad. Hacer cultura es una labor de muchos orquestada desde muchos ámbitos y puntos.

Y para despedirme aprovecho esta columna informándoles de los próximos actos, a los cuales les invito de antemano, de Salsipuedes programados para septiembre de este año:

El próximo viernes 14, a las 19:00 horas, en el Museo Elder de Gran Canaria:


CONFERENCIA TITULADA “REQUIEN POR UN NAUFRAGIO” A CARGO DEL ESCRITOR Y MARINO MERCANTE DON JULIO GONZÁLEZ PADRÓN.


El sábado 22 de septiembre, a las 11 horas, en el Parque Benito de Shamann en la capital de Gran Canaria:

MUESTRA DE ANTIGUOS OFICIOS AMBULANTES.

El viernes 21 de septiembre, a las 21 horas, en la calle Francisco Gourié de Arucas:

DESFILE ABORIGEN Y MUESTRA DE CULTURA ABORIGEN Y LEYENDAS CANARIAS.

El sábado 29 de septiembre, a las 20 horas, en el Castillo de la Luz de Las Palmas de Gran Canaria.

LA BATALLA NAVAL. EL FRACASO DE FRANCIS DRAKE EN LAS PALMAS.

Un evento este último al que yo me aventuro a intitular, sin el más mínimo temor a equivocarme, como garante a ser considerado de interés cultural en el tiempo puesto que esta propuesta traspasa el mero espectáculo y se puede llegar a convertir en todo un referente turístico para nuestra isla.


Alejandro Dieppa León.
Por un mundo mejor,
por una sociedad más justa.

Frase implícita en el texto de la columna de mi serie: Meditando en un templo Shaolin.
Fotos de mi álbum personal.

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