
EL SER HUMANO QUE JUZGA A OTRO SER HUMANO SIN CONOCERLO ESTÁ RECONOCIENDO EN ESE OTRO SUS PROPIOS DEFECTOS...
CUENTO:
Marina caminaba la calle mayor de Triana: alegre, contenta de su porte y estado físico, abanicando su pelo corto con alegría, tarareando el éxito de turno en las listas musicales de moda y al llegar a un paso de peatones regulado por semáforo paró su marcha en seco justo en el bordillo de la acera...
Una mujer que, junto a su acompañante en el coche, había detenido su marcha en el mismo paso de peatones, a su izquierda, argumentó en voz alta:
-Mejor le diera vergüenza andar por la calle con esa falda tan corta y esa blusa por cuyo escote se le salen todas las tetas... Puta... mira que eres puta -acentuó mientras Marina recorría, con su habitual gesto grosero, la piel blanca y negra del paso de peatones.
-Te as pasado Sonia -comentó su acompañante y seguidamente acarició su larga melena negra para serenar su estado de ánimo...
Al llegar Marina al final del paso de peatones, Sonia arrancó su coche y ambas siguieron el curso de sus vidas y mientras la primera, Marina, la que vestía falda corta y blusa estrecha, entraba en su centro de trabajo para recorrer su jornada laboral como doctora de urgencias. Trabajo elegido por propia voluntad. Sonia, entraba, con su larga cabellera negra y carita de niña buena en un motel para ponerle los cuernos a su marido con su ligue de turno.
Alejandro Dieppa León.
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