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domingo, 15 de abril de 2018

COLUMNA: SALSIPUEDES LLEVA A TENTENIGÜADA UNA MUESTRA DE OFICIOS Y VENDEDORES AMBULANTES.


¿Usted conoce el famoso dicho que subraya: “que cualquier tiempo pasado fue mejor”?, pues yo en mi camino por los vericuetos de la vida no afirmo que esto sea rotundamente cierto, pero al mismo tiempo tampoco lo niego con extrema contundencia porque siendo sincero hay cosas del pasado que tras una reflexión se puede afirmar que sí son mejores y para ilustrar lo expresado meditemos tres sencillos ejemplos:

Para empezar con las muestras les invito a abrir el baúl de sus nítidas memorias y rescatar de ellos infantes recuerdos. En este caso, permítanme la licencia los más jóvenes, me dirijo ya a ustedes, sí, a ustedes en concreto me refiero, a los más talluditos en edad como el que les escribe estas líneas... Recuerdan cuando jugábamos en la calle, no en la de negro asfalto sino en la de polvorienta arena o dura piedra, cerca del zaguán de nuestra casa o en el parque, ya un poco más lejos de ella, con juguetes hechos de manufactura casera, sí, manufactura casera, porque antes los utensilios de juego te los tenías que inventar y fabricar tú mismo, como: La típica pelota o muñeca de trapo, las variopintas espadas de palo, las cuerdas para saltar a la comba, los rápidos carricoches, etc. Herramientas de juego que en connivencia con la fértil fantasía y los fieles amigos podían hacer que un minuto se convirtiera en toda una historia, que una hora se transmutase en una aventura y que una soleada tarde o mañana se convirtiera en un sello que acuñó en nuestras moldeables memorias instantes de sana felicidad que un sofisticado vídeo-juego, con toda su potente tecnología, no podría acuñar porque están pensados para ser jugados en soledad o en compañía de otros jugadores con los cuales, a lo más, solamente podemos intercambiar palabras, no saludos táctiles, ni palmadas en la espalda, ni mucho menos abrazos fraternales…

Seguidamente podríamos hacer un cortito pero ejemplarizante viaje en el tiempo a los años donde las fiestas de barrio: Ya sean éstas celebradas en la calle, en la azotea o en la plaza, que aparte de concebirse para la diversión sana servían además, llevando a cabo un respetuoso trato con el sexo opuesto; para construir relaciones de parejas de novios que en la mayoría de los casos terminaron en matrimonios duraderos. Sencilla manera de ver la vida que se contrapone a la actual intencionalidad de la gran mayoría de las fiestas que recorren nuestra geografía, y quien crea que exagero que visite Internet, donde el fin principal es conseguir la diversión a través del consumo exagerado de bebidas alcohólicas, drogas habituales y nuevas drogas de diseño y la intencionalidad en las esporádica relaciones no pasan de ser más que un mero interés carnal de una noche, una hora o un par de minutos en condiciones de poca o casi nula nitidez mental que acarrean en el mejor de los casos una curable enfermedad venérea y en el peor de ellos una de la cual mejor ni mentar ningún aspecto.

Y por último podemos recrear esta tercera exposición con el acto vivencial que la asociación cultural Salsipuedes de Arucas propuso a la ciudadanía de la isla de Gran Canaria este pasado 15 de junio de 2018 en el Rincón de Tenteniguada, hermoso paraje que se expresa con todo su exuberante esplendor, cerca del pueblo de Valsequillo.

Acto enclavado en el día de las tradiciones donde Salsipuedes expresó, exhibiendo todo un nutrido lujo de detalles –trazo característico de un grupo al cual califico de entrañable por su simpatía, pero al mismo tiempo también califico de rigurosos porque se toman en serio su cometido cultural–, a los miles de visitantes que tuvieron el deseo de palpar, meditar y hasta de afirmar o negar, si algún tiempo pasado fue mejor y para llevar a cabo dicha grata tarea 


meditativa el visitante tuvo que adentrarse por una ancha calle peatonal, claro tras dejar bien aparcado el vehículo porque, aunque la policía local hizo acto de presencia, su amabilidad y buen trato hizo posible que no se colocara ninguna multa, se adentraron en la fiesta propuesta topándose de frente con los oficios que proponía Salsipuedes:











El primero el panadero, al cual le seguía una sonriente costera, como decía mi abuela de moya refiriéndose a la familia de mi abuelo –mi bisabuela “Frascorra”–, o vendedora de pescado y tras los cuales me encontré con una exuberantes vendedoras de frutas y verduras que me agasajaron con abrazos y besos, energía vital que desde estas líneas le agradezco; pues siempre que lo hacen me alegran el alma –debo puntualizar que siempre que he asistido a un acto de Salsipuedes he salido con una inyección de alegría vital; pues no hay ni uno solo que no lleve de serie la sonrisa y el buen trato hacia el que los visita.–, y seguido las vendedoras de leche que defendían el oficio de lechero: porque antes la leche no venía envasada, ni pasteurizada. Lecheras que tampoco escatimaron, con mi esposa y conmigo, los abrazos y besos, y a partir de este punto oficios como el de:



Carbonero,



castañera,



afilador,


turronera,




nevero, un hombre sencillo y diáfano,



maletero, en este caso una cariñosa y entrañable maletera,



pinochero,  


sardinera,




vendedora de novelas, en este caso también una cariñosa y entrañable vendedora,





sereno y pregonero, con el cual siempre que coincidimos llegamos a la conclusión que rezuma alegría y bondad,




lavandera,






vendedoras de ropa,




mielera,




fotógrafas,




colchonero,


limpiador de zapatos,




heladero,



vendedor de cupones,


cura y su monaguillo (que no sé si eran de verdad o no),


par de guardiaciviles antiguos,




policía local muy particular, siempre simpático y afable,



carpintero fabricante de juguetes, entrañable como su esposa,







y llegados a este punto un oficio que desde que lo vi se me puso la carne de gallina pues tenía en una de sus manos una terrible herramienta de trabajo de la cual guardo muy malos recuerdos: El practicante y dentista con su jeringuilla y saca muelas. Un ser humano al cual, no me tiembla el pulso en escribirlo, lo tildo de ser humano de humildad ejemplar; pues me demuestra con sus actos que lo que habla de uno no es lo que se predica sino que es lo que se predica y se lleva a cabo con sencillez de trazo.




Y una vez pasado el mal trago del practicante llegó el latonero que con su habitual serenidad en el trato me hizo olvidar que cerca de allí había un hombre capaz de ponerme una inyección si me despistaba.

Oficios todos ellos del pasado reciente, pero que en algunos casos se podría decir que su función hoy todavía es necesaria, como la del sereno… Oficios y vendedores ambulantes que no pudieron competir con el procedimiento comercial moderno, pero no me refiero al del pequeño y mediano empresario sino al de la gran superficie que lo industrializa y descentra todo a través de un neo-liberalismo, carroñero, que se viste de etiqueta cuando la mayoría de sus asalariados tercermundistas subsisten con un trabajo mal pagado e insolidario con las reglas de juego del entre comillado “primer mundo”.












Como ya pueden sacar en conclusión del famoso dicho mentado al principio de este texto puede ser verdadero o falso el afirmar que “cualquier tiempo pasado fue mejor” dependerá de nuestra escala de valores e intereses; pero lo que sí es verdadero, cierto y acertado es apostar por la iniciativa cultural de Salsipuedes pues sin dudarlo es garantía de éxito cultural, por eso a la asociación de vecinos que invitó a estos labrantes de nuestra identidad mi más sincera enhorabuena porque con su ejemplo le demuestran a las instituciones que con poco que se invierta se puede conseguir que nuestra idiosincrasia sea luz en un mundo de oscuras mentes pensantes.

Alejandro Dieppa León.
Por una sociedad mejor, por un mundo más justo.

Fotos de mi álbum personal.

viernes, 13 de abril de 2018

COLUMNA: CUANDO UNA FERIA DEL LIBRO SE VUELVE INTERESANTE.


No sé si alguna vez, querido lector, usted ha paseado por las entrañas de una feria literaria o “del libro”, esté último añadido por si prefiere una denominación más al uso. Yo, por supuesto, como deducirán he visitado más de una, dentro y fuera de la isla, a lo largo de mis ya muchos años de vida en este, como mínimo, espeso mundo que nos ha tocado en suerte y les puedo aconsejar por si no fuera el caso que las visiten, que las visiten y las vivan sería más recomendable; porque una feria literaria o “del libro” se tiene que sentir, paladear y hasta masticar para luego digerirla en casa, muy despacito, en el sofá de los recuerdos… Ah, y si lo hacen en compañía de sus hijos mucho mejor; pues los menores crecerán con el bonito recuerdo de aquella feria que visitó con sus padres aquel entrañable año, de cuantos escritores conoció aquella tarde o mañana y de cuantas vivencias se guardaron en su joven banco de memoria y que ahora que son mayores les sirven para ser mejores personas, padres y educadores, y quizás hasta un ávido lector de buena literatura.

Pero para los que todavía no se hayan decidido a visitar una feria les informo que lo habitual en éstas son casetas: El número dependerá del tamaño del espacio dedicado a ella por parte de la concejalía, asociación de libreros o asociación de escritores que la organicen.

Casetas colocadas de múltiples formas geométricas todas ellas de distintos tamaños y volúmenes dentro de las cuales:

Las miles de pequeñas librerías que pueblan nuestro territorio nacional, cara visible de una rica realidad cultural, exponen todo su catálogo o una selección del mismo con la intención de dar salida a toda una inversión que les permitan poder pagar los sueldos de sus empleados; porque no se engañen en la realidad las ganancias en la tan temida cuenta de resultados no son muy boyantes para los atractivos refugios del libro; pero aún así estos esforzados pequeños empresarios, en su gran mayoría, siguen luchando contra los enormes titanes de este agitado mar de la venta: Las grandes superficies.

Las editoriales, apostadoras a cara o cruz de un trabajo literario, de una humilde ilusión en muchos casos –subrayemos lo de trabajo, pues es con constancia y esfuerzo como se consigue escribir un libro–, que con su patrimonio compiten en este duro mercado que también, aparte de exponer su catálogo editorial, invitan a sus autores a que se acerquen más a su público o futuro lector a través del tan afamado encuentro de autor. Espacio público durante el cual, esto depende del escritor y personas que esperan su firma, el autor  tiene un grato intercambio dialéctico con quien pone la confianza en su escritura, en su imaginación y en su fantasía: En su obra.

Y no nos olvidemos de las asociaciones de escritores, en el caso de canarias, un buen y recomendable ejemplo puede ser la ACAE –Nueva Asociación Canaria para la Autoedición–, que comparten intereses con las editoriales y las librerías; pero como indica parte de su nombre son autoediciones: Inversiones que manan del bolsillo del propio escritor). Única vía honorable y lícita con la cual muchos autores noveles se dan a conocer.

Pero dentro de una feria literaria o “del libro” también se pueden encontrar una variada oferta cultural bajo carpa, a pie de calle o dentro de un recinto. Son propuestas que hacen los organizadores del evento y éstas pueden ir desde: Una sencilla o exuberante –en este último trazo podrían ser aderezadas con audiovisuales– presentación de libro, una conferencia sobre algún tema tratado en una publicación, un cuenta cuento, de un cuento ilustrado o de un narrador profesional, que amenice la tarde a los niños, y no se engañen a los padres también, etc. Y es en una de estas propuestas y feria literaria o “del libro” que visité esta mañana, viernes 13 de abril, no se asusten por lo de viernes y 13, que en este caso proponen las concejalías de Cultura y Educación del Muy ilustre ayuntamiento de Telde, que me encontré con un evento del cual había oído hablar; pero que nunca tuve el placer, hasta hoy, de presenciar. Propuesta titulada: Luchalibro.

Y se preguntarán muchos de ustedes:

¿Qué es esto de Luchalibro?

Les explico:


Luchalibro es un espacio, en este caso una de las salas de la biblioteca municipal de Telde, donde se reúne un público con muchas ganas de ver la confrontación de varios púgiles de la palabra, no del guante sangrante, sino de la palabra creativa, que son presentados a los asistentes por un maestro de ceremonias. Luchadores lingüísticos que se enfrentaron entre sí, respetando unas estrictas reglas, en sincronizadas parejas de dos ataviados con unas expresivas máscaras de lucha libre americana dentro de un cuadrilátero. Figura geométrica situada a la derecha de una gran pantalla donde pacientemente esperaban a los participantes: Una mesa sobre la cual había un ordenador conectado a la gran pantalla central más el tan temido crono, dos sencillas sillas y mucha expectación por parte del público asistente. Los jóvenes alumnos, educados y participativos, del instituto IES de Jinámar que se había personado a ver en acción a los compañeros de instituto que se atrevieron con una actividad no apta para cardíacos.

Actividad que consistía en durante cinco vibrantes minutos expresar por escrito en la pantalla central, a través del teclado del ordenador, una historia donde estuviesen inscritas las tres palabras dadas en suerte por los organizadores.

Debo de confesar que la adrenalina mientras se desarrollaban los combates la tenía subida, que me hubiese gustado ser joven y participar con algunos de mis hermanos de letras en tal evento y que en todo momento encontré en los participantes una gran creatividad, conocimiento del lenguaje escrito así como de las partes de las que se compone una historia, ya sea esta larga o corta, como lo son: principio, desarrollo y desenlace. Lo cual me lleva a pensar que tienen un buen profesor de lenguaje que les instruyen adecuadamente, pues también pude constatar que cuando había alguna falta de ortografía se comentaba y rectificaba.

Como pueden ver es todo un evento que complementa con acertado tino una feria del libro: La de Telde en este caso. Una feria que se me desvela como sencilla, pero a la vez creativa, participativa y bien orientada a la juventud. Una entorno cultural al cual ningún teldense debería faltar, pues está en juego el prestigio cultural de nuestro pueblo.

Mi más sincera enhorabuena a los organizadores de la feria.

Alejandro Dieppa León.
Por una sociedad mejor, por un mundo más justo.

Fotos de mi álbum personal.

domingo, 8 de abril de 2018

COLUMNA: UN MICRO-SEGUNDO FRENTE A LA VIDA.

Foto en el puerto de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria.

A veces cuando nos sentamos delante de un blanco papel dedicamos infinitos microsegundos a preguntarnos cómo estructuraremos el texto mediante el cual vamos a transmitir nuestra idea, sentimiento, proyección filosófica o simple ilusión; sin preocuparnos, ni tan siquiera por un ínfimo segundo, en la cantidad de noticias que se dan en este mundo justo en el instante en el que escribimos o simplemente exhalamos un tibio suspiro. Noticias, buenas o malas, que son recibidas por sus receptores de una manera u otra en función de su variopinto estado de ánimo o actitud filosófica ante la vida. Noticias: Buenas como un aumento de sueldo o malas como una congelación del mismo, buenas como que nuestra pareja nos invita, por sorpresa, a un inesperado viaje a cualquier parte del mundo o malas como que dicho viaje al que nos invitó nuestra pareja se ha cancelado por adversas condiciones atmosféricas y buenas noticias como que el cáncer que nos diagnostican es benigno o malas como que el cáncer que nos han detectado en el cerebro es maligno y por ende nos quedan de dos a tres semanas de vida. Mala noticia que fue dada, sin anestesia y por sorpresa, a la protagonista, una vendedora de unos grandes almacenes, la actriz Queen Latifah, de la película que acabo de terminar de ver titulada: Last Holiday.

Duro impacto auditivo para cualquier mortal…

Magnífica película, de la cual no desvelaré ni más trama y final, lo dejo a su inquietud conocerlas, que me ha llevado a reflexionar con este escrito cual sería la forma correcta de comportarse ante una buena o mala noticia y la verdad es que llegado a este punto solamente tengo una sencilla fórmula, muy personal, con la cual no sé si comulgarán, y es la siguiente: Ante las buenas noticias degustarlas como si se tratase de una comida en el mejor restaurante de este mundo pensando que tienen un antes y un después, o si lo prefieren un principio o un final, y ante las malas asumirlas recorriendo en comunión con mis pensamientos el pasillo de la resignación para llegar lo antes posible a la puerta de la aceptación. Último paso que debemos de dar para vivir con calidad de vida lo que nos toca en fortuna.

Sí, con calidad de vida…

Pero es en este mismo instante, créanme, que intuyo lo que están pensando aquellos seres humanos que tienen una actitud vital agresiva, y podría resumirse en lo siguiente:

“Yo, si me saco una quiniela con ciento noventa millones, haría todo cuanto se me apeteciera: Viajaría a todos los lugares que se me apeteciesen, sin orden ni control, comería de lo mejor, lo mejor, sin escatimar gastos, y haría cuanto no he podido hacer en mi anterior casuística: Decirle a mi anteriores jefes lo hijo de putas que fueron conmigo, le devolvería ojo por ojo a quien me hizo daño y si la vida me penalizase con el duro trago de pasar lo que le tocó en suerte a la protagonista de Last Holiday me pondría ante un precipicio y saltaría sin mirar tras de mí, sin pensar en aquellos que me llorarán…”

Duro impacto auditivo para cualquier mortal, verdad…

Y me volverían a creer si les digo que justo en este instante también intuyo lo que están macerando en el pensamiento aquellos seres humanos que tienen una actitud vital serena, y podría resumirse en lo siguiente:

“Yo también, si me saco una quiniela con ciento noventa millones, haría todo cuanto se me apeteciera: ¿Viajaría? Sí, por supuesto; pero escogiendo los lugares donde mi mente y cuerpo se reciclen… ¿Comería? Claro que comería, pero mirando el bien para mi salud… Y en cuanto llevar a cabo todo aquello que no había podido hacer hasta este momento: No… No llamaría hijos de puta a mis anteriores jefes, pues sería una pérdida de tiempo innecesaria para mi salud mental y tampoco devolvería el ojo por ojo a quien me hizo daño porque su gesto en mi nueva vida solo sería una brizna de olvido y en cuanto a si la vida me penalizase con el duro trago de pasar lo que le tocó en suerte a la protagonista de Last Holiday  yo nunca me pondría ante un precipicio y saltaría, pues privaría a mis seres queridos de mi presencia…”

Sea como sea, querido lector, tu actitud de vida ante las buenas o malas noticias son decisiones muy personales, y no voy a ser yo quien las juzgue, por eso solamente añadiré que si conoces una manera sana de afrontarlas o vivirlas de forma distinta a lo expuesto en esta pequeña reflexión compártela con quien se cruce en tu camino, quizás, quizás, sus ecos lleguen hasta éste que escribe y me sirva para mejorar su calidad de vida y la de los que me rodean.

Alejandro Dieppa León.
Por una sociedad mejor, por un mundo más justo.

Foto de mi álbum personal.

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