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CONTADOR DESDE EL 01-09-2015

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CONTADOR DESDE EL 01-09-2015

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domingo, 6 de marzo de 2016

MI CITA Y CUENTO: "NUNCA DUDES DE TU SUERTE" DEL 06 DE MARZO DEL 2016.

QUERIDO HIJO…

A VECES LA SUERTE ES TAN INTELIGENTE
QUE PARA PONER TU VIDA EN ORDEN
TE JUEGA UNA MALA PASADA.

MEDITA...

MEDITO LOS ZARANDEOS DE NUESTRA AMIGA Y ME DOY CUENTA, AHORA QUE SOY VIEJO, QUE ME QUIERE TANTO QUE CUANDO NO SIGO O SEGUÍ SUS ACERTADAS SUJERENCIAS ME JUEGA UNA MALA PASADA PARA ORDENAR UN PREVISIBE CAOS EN MI VIDA. …

MEDITEMOS…

CUENTO:  NUNCA DUDES DE TU SUERTE.

Hace muchos, pero que muchos años, en un lejano bosque lleno de altos árboles y escasa luz, vivía, dentro de una profunda cueva cavada bajo las fuertes raices de uno de aquellos altivos entes vivientes, una familia de osos compuesta por una mamá y cuatro oseznos: Dos hembras de su primera camada que aún eran reacias a abandonar a su madre y dos pequeñines de siete años de su segunda camada.

Todo estaba en calma dentro de aquel cómodo y confortable hogar que mantenía a los plantígrados ajenos a las inclemencias de un invierno que ya había tocado a su fin además de mantener el péndulo de la respiración de sus habitantes anudando lazos de armonía con el pasar sereno del tiempo hasta que de pronto uno de ellos interrumpió aquella hermosa sinfonía de lo apacible:

—Mamá, mamá —zarandeó Nazt, el osezno más pequeño de los traídos al mundo por aquella aletargada y perezosa gran osa grizzly.

—Ya empezamos otra vez —dijeron, a la vez, mordiéndose el labio inferior sus dos hermanas mayores.

—Mamá, mamá —insistió el pequeñín presionando con la punta del hocico el vientre de su madre e ignorando la queja de sus hermanas mayores.

La gran osa se removió para sacudirse la molestia además de para poner orden en la cueva y el movimiento de su cuerpo zarandeó a Cobo el otro osezno que ajeno a la insistencia de su hermano siguió en el séptimo sueño.

—¿Qué quieres ahora? —rugió suavemente su madre ataviada con un manto de resignación sabiendo lo que demandaba su pequeñín desde hacía tiempo.

—Ya sabes lo que quiero, mami.

—Lo sé hijo, lo sé…

—¿Entonces me dirás este año hacia dónde se fue mi padre?

La madre no contestó y no contestó porque viajó en el tiempo, con la mente, a aquel lugar del río donde se encontrara, por primera vez, con su amado, el padre de todos sus hijos y gran oso que venía a visitarla, egoístamente, cada vez que su ansia de amor la necesitaba.

El pequeñín miró a su madre a los ojos y volvió a respetar un año más que no respondiera a su pregunta, porque no respetar su silencio si ella lo trataba con cariño y amor maternal, ya le contestaría algún día a su pregunta se dijo mientras se acurrucaba bajo el espeso pelaje de su madre buscando el sueño y así pasaron los días, ataviados éstos de un silencio placentero, hasta que llegado el momento preciso todos abandonaron la cueva y pasito a pasito recorrieron el profundo bosque siguiendo un camino marcado por la matriarca en busca del río que cortaba en dos a aquel profundo bosque donde vivían en busca de los jugosos salmones que vendrían a desovar ese año.

Una vez llegado al lugar deseado la madre se zambulló en el agua seguida de sus dos hijas y una vez las tres dentro, después de haberse sacudido dos veces la cabeza, la matriarca rugió:

 —Nast, Cobo, no os mováis de la orilla y no os acerquéis a la cascada que podéis caeros al río y la corriente os arrastrará río abajo o peor os ahogará.

—Sí mamá —gruñó obediente Cobo mientras su hermano, ajeno al consejo, se acercaba al lugar no deseado por su madre y cuando está se dio cuenta le rugió con fuerza:

—Nast no te acerques al… —fue lo último en rugir la gran osa grizzly antes de ver caer a su pequeño por el borde de la pequeña cascada y mientras éste caía se lamentó de la mala suerte que había tenido tras haber pisado aquella roca sobre la cual dudó si posar su peso para alcanzar un buen lugar al borde de la cascada donde poder atrapar un jugoso salmón cuando éste saltara a la tanqueta donde estaban su madre y sus hermanas.

El torbellino de agua tras la caída, alentado por la suerte, zarandeó con fuerza al osezno, pero éste, fiel a su naturaleza combativa y luchadora, se negó a rendirse ante una muerte tan miserable y mientras el líquido elemento tiraba de él hacia las profundidades él combatía, gastando por minutos sus fuerzas, tratando de aferrarse a la vida y cuando todo presagiaba que iba a morir de ahogamiento un gran estruendo entrando en el agua agitó la ya jadeante naturaleza del río entonces una gran zarpa agarró al casi moribundo osezno y lo sacó del agua a tal velocidad que cuando calló en la orilla la que había tragado salió toda de golpe dándole el hálito de vida esperado para recuperar el resuello, aliento y fuerzas.

—Gracias mamá por haberme salvado la vida —gruñó lleno de felicidad mientras habría los ojos poco a poco al sentir la presencia de quien le había dado una segunda oportunidad para seguir meditando el mundo y cual no fue su sorpresa cuando ante él se materializó un rostro nunca contemplado, facciones duras. Un rostro de un congénere al que nunca había visto y con el cual nunca había hablado.

—¿Quién eres? ¿Eres el gran Dios de los osos o un viajero que pasaba por aquí? —le preguntó mientras redefinía el tamaño de sus pupilas para dibujar en su mente mejor la figura de aquel gran macho de oso grizzly.

El enorme plantígrado sonrió por primera vez en su vida y sin dudarlo le rugió con voz potente:

—Soy tu padre.

El pequeño se abrazó a él y tras hablar largo y extendido con su progenitor, del porqué de su ausencia y de sus muchas aventuras, comprendió que si la suerte no le hubiese tratado como le trató nunca habría conocido a su padre.

Y colorín colorado este cuento dedicado a ti, pequeño oso, ha terminado.

Alejandro Dieppa León.
Por una sociedad mejor,
Por un mundo más justo.

Derechos de propiedad intelectual literarios y de imagen reservados al y del autor: Alejandro Dieppa León.

domingo, 17 de enero de 2016

MI CITA Y CUENTO: "VOLVIENDO AL TEMPLO." DEL 17 DE ENERO DEL 2016.

 

QUERIDO HIJO...

PERDONA Y SERÁS PERDONADO.
RESPETA Y SERÁS RESPETADO.
MEDITEMOS...
DA AL MUNDO PAZ ESPIRITUAL Y
TUS VERDADEROS AMIGOS NO SE
APARTARÁN DE TU LADO...

MEDITA...
MEDITO...

CUENTO (cortito): VOLVIENDO AL TEMPLO.

Un viajero, cansado, cuasi andrajoso, de barba profunda como profunda es la experiencia vivida en el mundo que le ha tocado recorrer, pisa el primer escalón del lugar donde ha elegido regresar, se reafirma en su decisión, y seguido pisa el segundo con fuerza, ésta decisión se consolida, y cuando reposa sobre el tercer escalón, antes de cruzar el umbral de aquel sencillo templo, la decisión es incuestionable, la simbología milenaria y sanadora de la puerta que pretende cruzar se lo confirma. Seguido recorre un amplio patio cuyo piso pavimentado con baldosas blancas y negras le recuerdan que el bien y el mal forman parte de un todo y que el uno no podría vivir o simplemente existir sin el otro, después entra en la primera habitación de aquella arquitectura de la razón cuyo techo representa un firmamento sereno lleno de estrellas y sin dudas dice al hombre que allí está:

He viajado templó el tono de su voz, por el mundo llevando cuanto de bueno habita en mi...

¿Y qué has sacado en conclusión? —le interrumpió su antiguo maestro que ajeno a su llegada meditaba, a conciencia, para centrar en lo sustancial la energía de su discípulo.

Que hay mucho de bueno en el mundo, pero no lo cultivamos porque preferimos perdernos en el vacío que ir al río a llenar el cuenco de agua limpia...

Entiendo Buenda, su maestro, cerró los ojos.

Que también hay mucho mal en el mundo, pero no lo evitamos porque nuestra debilidad no nos deja centrarnos en la solución y se regodea en el lamento...

Entiendo —Buenda, su maestro, suspiró.

Y que hay mucho de efímero, pero no lo aceptamos porque negar la realidad de la vida nos es más fácil que enfrentarnos a su verdad...

Buenda no habló esta vez con sus gestos y expresiones y el silencio, cómplice con el instante y el momento, exhaló su sustancia para dar tiempo a discípulo y maestro un hálito de reflexión...

Y meditaron, meditaron y cuentan que ambos están aún meditando en una espiral infinita que da paz, armonía y esperanza al mundo que rodea su templo...

Alejandro Dieppa León.
Por una sociedad mejor,
Por un mundo más justo.


Derechos de propiedad intelectual literarios y de imagen reservados al y del autor: Alejandro Dieppa León.

domingo, 6 de septiembre de 2015

MI CITA Y CUENTO: "EL RATÓN ANTÓN" DEL 06 DE SEPTIEMBRE DE 2015.


QUERIDO HIJO…

TODO ESCALADOR NECESITA PUNTOS DE APOYO
PARA LLEGAR A SU META.

MEDITA…
MEDITO…
MEDITEMOS...

CUENTO: EL RATÓN ANTÓN.

Érase una vez un pequeño ratón llamado Antón que vivía: con sus padres, Constancia y Esfuerzo, sus dos hermanas mayores, Fe y Esperanza, y otro hermano, también mayor que él y un poco impulsivo, llamado Atrevimiento, en una pequeña ratonera construida, con mucho amor por sus padres, dentro de una gran finca que se levantaba, orgullosa, entre un cercano pueblo llamado Consenso y una gran montaña llamada Identidad.

Todos los días, al despuntar el alba, Constancia era la primera en levantarse dentro del cálido hogar e ir habitación por habitación, después de arreglarse, despertando al resto de miembros de la familia sin el menor esfuerzo hasta que llegaba a la de Antón. 

—Vamos pequeñín que si no te levantas y desayunas rápido el micro se marchará al cole sin ti —advertía, todos los días, la madre al benjamín de la familia al mismo tiempo que le regalaba una batería de cosquillas y una serena sonrisa. 

—Mami, mami, mami, mami… —repetía éste mientras se retorcía con la intención de que su madre no siguiera haciéndole cosquillas—. Déjame bajo las sábanas un poquito más que tengo sueño y pocas ganas de estudiar —remataba después de que su madre parase y vuelta a empezar; pero, más temprano que tarde, el carácter determinante y paciente de Constancia daba sus frutos y el ratón Antón se levantaba, por voluntad propia, se vestía y se sentaba a la mesa con el resto de la familia, para degustar el queso que elaboraba su padre en el negocio familiar.

—¡Qué rico…! Hoy es de oveja. —Tiró la mano al más grande de los trozos del plato central con la intención de paladearlo serenamente, pero Atrevimiento fue más rápido que él y se lo quitó y se lo tragó en un abrir y cerrar de ojos, después le picó el ojo derecho a su hermano pequeño y le arremolinó el pelo con su mano izquierda. Situación que provocó las risas entre el resto de la familia y el desánimo en el zarandeado benjamín.

Una vez acabado el desayuno, los hermanos mayores se despidieron y se marcharon a sus respectivos trabajos: Fe y Esperanza al molino de gofio, Atrevimiento al club de escalada que había a los pies de la montaña llamada Identidad y Esfuerzo a su fábrica de queso y madre e hijo, como era habitual, se sentaron en el banco de madera que había a la entrada de su casa, a la izquierda, a la espera del micro.

—Mamá —rompió el silencio el más pequeño de los que calentaban el banco.

—Dime hijo  —Constancia intuyó el tema de conversación.

—¿Por qué os habéis reído de mí cuando Atrevimiento me quitó y se comió el trozo de queso más grande?

 —Verás Antón —exhaló aire para dar fuerza a su argumento—. Nosotros no nos reímos de ti, ni mucho menos, nos reímos de las cosas que hace tu hermano. Ya sabes como es. ¿Entiendes la diferencia? —le preguntó con la intención de resolver cuantas dudas tuviese.

—Sí  —aceptó lo dicho a regañadientes—, pero mami…

El sonido de la pita del micro cortó de un tajo la conversación entre madre e hijo y Antón, lamiendo su frustración por no poder expresarse a gusto, subió al micro y se sentó en su asiento de costumbre, al lado de Leocadio, un buen amigo y compañero de clase: en silencio y con cara de amulado.

—¡Qué callado bienes hoy! —Dijo Leocadio mientras su amigo se despedía de su madre moviendo la palma de su mano detrás del cristal—. ¿Te pasa algo? —Subrayó con energía.

—Sí —bruñó la frustración con el afirmativo y apto seguido contó a su amigo lo sucedido en el desayuno.

Leocadio no abrió la boca ni para decir ni “Pio” y justo cuando Antón terminó, ni corto ni perezoso, le dijo:

—Esta tarde me enseñarás el club de escalada en el que trabaja tu hermano como ya quedamos… ¿No?

Antón se tragó su frustración, porque Leocadio, son su actitud: sincera y seca, le hizo comprender que lo que le había sucedido en el desayuno no tenía mayor importancia. De otra manera, si verdaderamente tuviese un problema, su amigo le había dado apoyo y ayuda para resolverlo. Como tantas veces hiciera en el pasado. 

Llegada la tarde Antón esperaba en el club de Atrevimiento la llegada de su amigo cuando de pronto sonó el teléfono.

—Club de escalada Identidad, buenos días, dígame —contestó al teléfono la secretaria y novia de Atrevimiento.

—Buenas tardes, soy la madre de Leocadio y llamo para informar a Antón que éste no puede ir porque se ha hecho un esguince de pie. ¿Se lo puede decir? 

—No se preocupe señora —la voz sonó cordial y seductora—. Yo se lo digo y que se mejore.

Cordura, la novia de Atrevimiento, buscó por todo el club a su futuro cuñado y lo encontró contemplando la gran montaña llamada Identidad.

—Antón. Leocadio no vendrá hoy porque se ha hecho un esguince en el pie —informó cuando estuvo a su lado. 

—Pues vale —se consagró a la resignación y el aburrimiento.

—Impone verdad —acentuó Cordura con su habitual voz serena apiadada por la mirada perdida de Antón—. Sabes una cosa…

—¿Qué?

—Muchos suben esa montaña por creer que así son mejores que los demás, otros para demostrarse a sí mismos que pueden y los auténticos de corazón la suben por lo que la tienen que subir…

—¿Y cuál es esa razón? —sintió curiosidad.

—La de encontrar la propia identidad y madurar como persona. Dos cosas con las que consigues un mayor respeto de los que te rodean, pues si te ven que te esfuerzas por madurar todos te respetarán por lo que expresas. 

El ratón Antón meditó, después de marcharse Cordura, lo que ésta le había dicho y resolvió que si subía aquella montaña Atrevimiento le tendría más respeto, por eso, siguiendo un irrefrenable impulso, caminó hacia la montaña llamada Identidad y cuando estuvo a sus pies buscó un punto de apoyo para subir aquella pared: Fría, lisa y vertical. Frustrado por no poder subir a la cima de la montaña volvió al club.

—¿A dónde vas chiquitín? —Le sorprendió su hermano de regreso.

—A  casa —Atrevimiento no percibió hostilidad por lo sucedido esa mañana, pero si frustración.

—¿Y que intentabas hacer a los pies de la montaña? —preguntó conociendo la respuesta ya que lo había estado vigilando en todo momento tras haber sido avisado por Cordura de que iba camino de la montaña.

—Pues subirla —sonó maduro y fuerte—, pero no he podido porque por donde he ido solamente he encontrado una pared: Fría, lisa y vertical.

Atrevimiento se dio cuenta de la mejor manera que podía ayudar a su hermano a madurar y sobre la marcha planificó su estrategia y después le dijo:

—¡Sabes Antón! —moduló el tono para no sonar ni serio, ni jovial, ni paternal.

—Tú dirás.

—Yo conozco la manera de escalar esa montaña…

—Claro como ya la has subido muchas veces la conoces —presintió una nueva burla de su hermano.

—Tienes razón  —interrumpió deliberadamente éste— y así es —Antón notó, por su respuesta y tono de voz, que Atrevimiento no le tomaría el pelo—, pero lo que te quiero explicar es cuál es la mejor manera y la más segura de hacerlo.

—De verdad.

—Pues dímela ya, dímela ya…

—Escucha —Atrevimiento cortó de un tajo la insistencia—. Si verdaderamente quieres escalar esa montaña yo te ayudaré a subirla tú solo, pero tú me tienes que prometer que me harás caso en todo lo que te diga: sin rechistar. Estás de acuerdo —Le extendió su mano derecha para firmar un pacto no escrito y su hermano se la estrechó con fuerza—. Pues bien Antón mi primera enseñanza es que te vuelvas a casa y aprendas  estas tres cosas: a obedecer, a calmar la ansiedad y a estudiar. Porque si aprendes a obedecer sacarás un mejor provecho del que te enseña, porque si calmas tu ansiedad alcanzarás la paz necesaria que se necesita en la escalada y porque si estudias lo suficiente y más alcanzarás un conocimiento que te ayudará a moverte con más soltura por tu entorno. ¿Entiendes lo que te quiero decir?

—Sí —y sin mediar palabra se dio la vuelta y se marchó.

—¿Antón dónde vas? —Preguntó su hermano temiendo que esté rompiera tan pronto el pacto.

—Pues a casa a estudiar —sonó firme y sincero—. ¿No forma parte eso de mi entrenamiento para subir a la montaña? —preguntó sin volver la espalda, mientras seguía caminando.

Atrevimiento valoró positivamente la respuesta y la determinación de su hermano y por ello antes de marcharse le quiso hacer un regalo.

—Espera Antón —la voz de su hermano paró en seco la marcha del pequeño—. Como veo que has comprendido lo que te quiero decir empecemos con las clases y tu primera clase será aprender a ponerte y quitarte el arnés de escalada… 

Aquel inesperado premio alentó al ratón Antón a seguir viniendo al club y poniendo en práctica los consejos dados por su hermano y pasado un mes. Cuando ya sabía ponerse y quitarse el arnés y el tipo de cuerda que tenía que emplear para escalar quiso ir a la montaña, sin decirle nada a éste, para poner en práctica todo lo aprendido; pero al ponerse frente a ella volvió a encontrarse con el mismo problema de la primera vez. La montaña de la identidad no le mostraba ningún camino que no fuese su desnuda pared: Fría, lisa y vertical.

—¿No te lo pone fácil verdad? —Cordura y Atrevimiento aparecieron por sorpresa.

—Sí.

—Y si no puedes subir. ¿Qué harás? ¿Marcharte o seguir intentándolo? —Dijo Atrevimiento.

—Intentándolo pero con vuestra ayuda y consejos…

La veterana pareja de escaladores sonrieron.

—Sabes que lo que te falta para subir la montaña son los puntos de apoyo…

—Claro que lo sé, pero por más que le doy vuelta no los encuentro…

—Mira Antón —Cordura se acercó a él—. Si me prometes en estos tres meses que quedan hasta final de curso seguir como hasta ahora y además aprobar el trimestre y el curso con buena nota: Yo y tu hermano te diremos donde se encuentran los puntos de apoyo necesarios para subir a la montaña. ¿Hace? —Le extendió su mano derecha para firmar un pacto no escrito como hiciera su hermano tiempo atrás y éste se la estrechó con fuerza.

Pasados los meses la familia y entorno de Antón notó un cambio profundo en él: porque se había vuelto más obediente para con todo aquel que tuviera algo provechoso que enseñarle, porque había aprendido a calmar su ansiedad al no dejar que los problemas diarios le sobrepasasen y porque se había vuelto un estudiante ejemplar: tanto en la escuela a la que iba con Leocadio como en el club de escalada.

Y llegado el día esperado Antón se colocó el arnés, se puso al hombro la cuerda necesaria para llevar a cabo su misión y cual no fue su sorpresa cuando, tras mucho buscar, encontró una parte de la pared donde se habían colocado puntos de apoyo artificiales que le garantizaban una ruta segura de acceso a la montaña llamada identidad. Puntos de apoyo que llevaban escrito en letra legible: “Si has llegado hasta aquí es por tu esfuerzo sigue adelante hasta alcanzar la meta. Tú puedes hacerlo”. El ratón Antón siguió la ruta marcada, bajo la atenta mirada de sus instructores que lo observaban desde un cercano lugar, a escondidas, y al llegar a la cima sintió un regocijo y una paz que no había sentido nunca y comprendió en ese momento que: con constancia y esfuerzo, con fe y esperanza y con mucha cordura y un poco de atrevimiento todo lo que se propusiese en su vida podría lograrlo.

Y colorín colorado este cuento se ha terminado.

Alejandro Dieppa León.
Por una sociedad mejor,
por un mundo más justo.

Derechos de propiedad intelectual literarios y de imagen reservados al y del autor: Alejandro Dieppa León.

domingo, 30 de agosto de 2015

MI CITA Y CUENTO: "EL LEÓN Y SU COMPAÑERA" DEL 30 DE AGOSTO DE 2015.

QUERIDO HIJO...

UN LEÓN PUEDE MATAR A UNA HIENA Y HASTA DOS,
PERO LO QUE NUNCA PODRÁ, EL SÓLO,
CON TODA UNA MANADA.

CUENTO: EL LEÓN Y SU COMPAÑERA.

Un león que había llegado a la madurez emprendió la tarea de formar una manada y para ello buscó una hembra en la extensa llanura, de pronto, un soleado día, escuchó en la lejanía el rugir de una leona que le respondió que sí a su propuesta; pero cuando iba a su encuentro se topó de frente con una hiena que, ni corta ni perezosa, le cortó el paso. El León le dijo: "que se apartara", "que tenía prisa por encontrarse con su compañera", más ésta se negó mientras le advertía que de insistir en su actitud llamaría a sus hermanas y le darían muerte. El rey de la selva soltó una fuerte carcajada y salió corriendo tras la hiena mientras ésta pedía socorro a su clan y minutos antes de que las nombradas con tanta fuerza llegaran el león le dio muerte a la más imprudente de ellas.

Llenas de rabia las apestosas hienas rodearon a aquel guerrero melenudo y otra de ellas le atacó por la espalda, pero veloz como el rayo el rey de la selva se dio la vuelta y de un certero zarpazo la mató, momento en el que todas se abalanzaron, a la vez, sobre de él y entre mordidas y zarpazos, cuando todo presagiaba la muerte de aquel orgulloso león entró en la brega -lucha- la leona que había aceptado su propuesta matrimonial. 

Aquella inesperada aparición equilibró las fuerzas enfrentadas y la pareja de leones expulsó de aquel territorio a tal pandilla de carroñeras y juntos, después de curar sus heridas, formaron una prolífica extirpe que perpetuó la memoria de su hazaña en el tiempo. 

Alejandro Dieppa León.
Por una sociedad mejor,
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Derechos de propiedad intelectual literarios reservados al y del autor: Alejandro Dieppa León.

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