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miércoles, 16 de mayo de 2018

COLUMNA: JUAN MARTÍN. UN PREGÓN IMPREGNADO CON LA PERSONALIDAD DE LA ACUARELA EN MONTAÑA CARDONES, ARUCAS.


En esta época de la historia de la humanidad que nos ha tocado vivir, estoy seguro que estarán de acuerdo conmigo en la siguiente afirmación que seguido les expongo, por eso no tengo temor, ni duda, al expresarla, existen variados tipos de seres humanos ataviados de distintos trazos de personalidad que se forjan en disímiles periodos de coexistencia, a duros golpes de martillo sobre yunque dentro de la variopinta cantidad de fraguas, lugares físicos, a las que hemos llegado, por simple casualidad o circunstancias; para que el fuego, elemento que ablanda la masa emocional, y el agua, elemento que la tiempla de forma sorpresiva, nos pongan a prueba con la intención de meditar, ataviados de efímera paciencia, en el transcurso del tiempo, si somos lo suficientemente fuertes de espíritu para afrontar nuestra existencia con dignidad, valores y principios. Fraguas del Ser que se encuentran esparcidas por toda la orografía del taller de vida, globo terráqueo por donde nos movemos en cuasi armonía con el medio que nos rodea, donde esculpimos, día a día, meditando los golpes de martillo sobre la cabeza de cincel que damos, la piedra bruta que somos y la piedra cúbica en la que deseamos transformarnos para cuando llegue el momento de abandonar este mundo nos marchemos de él satisfechos del aprovechamiento del espacio-tiempo que nos tocó trabajar.

Espacio-tiempo que este pasado, 15 de mayo de 2018, dentro de la iglesia de Montaña Cardones, Arucas, se me mostró lúcido justo cuando el párroco, Don Ambrosio, en el transcurso de la pequeña homilía dada durante la Santa Misa ofrendada a San Isidro Labrador, tomando como ejemplo la vida de este Santo, nos invitó a reflexionar, a través de los pequeños trazos de personalidad extraídos de su ejemplar biografía, sobre que es la santidad en sí misma y dónde se encuentra ésta en el taller de vida por el que transitamos y para ello nos invitó a entrar en la fragua de nuestra conciencia y a pequeños golpes de martillo sobre yunque esculpió la verdad de la sencillez ataviado de la razón en la palabra dada. Eco que resonó en mis tímpanos hasta el final de la misa, momento en el cual la iglesia se vistió de los elementos necesarios para que el pintor, acuarelista, y sin dudarlo caleidoscópico Juan Martín, hijo natural de cardones, se preparara para dar el pregón al cual nos había invitado a mí y a mi esposa, como también a muchos de los allí presentes, sin obviar que Cardones se me muestra, y no es la primera vez que asisto a uno de sus actos festivos para afirmarlo –recuerdo el año que acompañamos a Felipe Juan, esposa e hijo en una de sus actividades–, como una comunidad muy solidaria y comprometida, certifico que la iglesia estaba a reventar, con sus tradiciones e hijos que ha parido en distintos periodos de la historia, tanto sean éstos humildes de espíritu y procedencia como San Isidro o enfáticos y abnegados en sus trayectorias profesionales como cualquiera de los allí presentes .


Espacio-tiempo que cuando todo estuvo preparado para que el pregonero se pronunciara en plena libertar, consigna expresada por los integrantes del comité de fiestas, a los cuales felicito desde estas francas líneas, se me mostró: Conmovedor cuando la entrecortada voz del orador, en distintos periodos de su preámbulo, al recordar la esencia materna y la visión, futurista, de su maestro José Luis Marrero, se emocionó con aplaudidos instantes de silencio. Ameno cuando, el hijo natural de Cardones, Juan Martín, enhebró en el telar del recuerdo anécdotas, una de ellas referente a la particularidad de que fue bautizado dos veces, gratificantes a los oídos de los que asistimos a este pregón atípico; pero entrañable. Sorprendente cuando, como si de un prestidigitador se tratase, el acuarelista, se saca del bolsillo izquierdo de su chaqueta uno de sus pinceles, lo esgrime como si de una pluma mágica se tratara y con mirada firme se dirige a los asistentes y les expone con toda sencillez: “Yo me expreso mejor con el pincel que con la palabra”; sin obviar el cambio de giro, espectacular, cuando el pregonero se aparta del atril donde su oratoria se debatía entre la emoción y la responsabilidad y recoge de una parte de la iglesia todos sus útiles de pintura los extiende, como si de la calle se tratase, y comienza a pintar una acuarela con trazo firme, exhalando todo su arte con escogidos toques de verde, marrones, etc, sobre una esquematizada Montaña de Cardones acompañado de las melodías interpretadas por dos músicos, uno al timple, Luís Suárez, y otro a la guitarra, Manolo Pérez, magníficos músicos e hijos los dos también como él, de Cardones, a los cuales se les unió una voz muy de la tierra, la de Davinia Padrón como ella subrayó, que supieron amenizar el proceso creativo-pictórico en directo de un cuadro que al finalizarse expresó toda la esencia llena de humildad de un paraje de nuestra isla Gran Canaria que el tiempo va forjando con el calor que se desprende de los rayos de nuestro sol y templando con el agua de lluvia caída para producir seres humanos de una sencillez notable como la de Juan Martín que abofetea la arrogancia de todo aquel que se adorna con este harapo de la personalidad humana.



Sinceramente debo sintetizar, para ya finalizar esta columna, que nos pasamos un tiempo, no puedo precisar cuánto; pues este se paró para mí y mi esposa, gratificante que pintó, aleteando suaves trazos de pincel sobre lienzo en mi pinacoteca mental, un gratificante recuerdo de un pregón, que aunque atípico en su exposición, se revela como creativo y precursor de una nueva forma y fórmula de entender y expresar los pregones.













 Alejandro Dieppa León.
Por un mundo mejor,
por una sociedad más justa.
Fotos de mi álbum personal.

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