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jueves, 19 de abril de 2018

COLUMNA: PROSTITUCIÓN. SI NO HAY DEMANDA, NO HAY OFERTA.


No sé si usted alguna vez se ha leído el significado de la palabra: Puta. No. Sí. Bueno entiendo que la persona que no lo ha hecho es porque cree entender o saber sin ninguna duda cual es su correcto significado, que si no me equivoco y disculpen si lo hago, dentro del común del vulgo –acepción verbal vomitada a la cara o por detrás de alguna fémina- vendría a significar, a groso modo, que puta: “es toda aquella mujer, casada o soltera, que se acuesta con más de un hombre o mujer.”. O sea que dentro de este sello o acepción popular de vida acuñada desde tiempos pretéritos, puta viene a ser:

Toda mujer joven que, por amor hacia otro joven o hombre, se acuesta con él, antes de la santificación del matrimonio por cualquier religión monoteísta y luego son abandonadas como perros en la calle, sin ningún tipo de escrúpulos, mientras el orgulloso individuo se limpia su sucia conciencia con infinidad de argumentos arcaicos que justifican su acción, claro, además de jactarse entre su manada de que tipo tan grande es al colocarse una medalla con aquella que ahora humilla con su actitud.

Siguiendo con todas aquellas mujeres casadas legalmente que no contentas y aún contentas con el placer sexual que le oferta su esposo, sin pactar con él una relación abierta y aún pactándola, hacen pura y sencillamente lo que les viene en gana y se dedican a buscar en brazos de otros hombres lo tan ansiado: Su placer sexual.

O seguir con todas aquellas mujeres, casadas o solteras, que ejerciendo su actividad laboral con la intención de llevarse un sueldo digno son acosadas sexualmente, velada o explícitamente, por parte de superiores o compañeros de trabajo cabrones con influencias dentro del centro de trabajo; para que cedan a dichas pretensiones. Aspiraciones carroñeras que de no ser aceptadas ponen en peligro su continuidad laboral con un despido procedente, inventado o real, o una simple no renovación de contrato.

Claro, sin olvidar a todas aquellas mujeres que se acuestan con otras mujeres.

Sí, sí, todas estas féminas son tácitamente llamadas putas por el común del vulgo, pero no solamente por el común de nuestra ciudadanía sino también por parte de otros escalafones y estamentos sociales, porque en este juego de calificar conductas “amparados en una doble moral” y ponerles etiquetas no se salva nadie, pero absolutamente nadie.

¿Pero y qué nos dice el ente más sabio de nuestro planeta sobre la palabra puta?

El diccionario.

Uno de éstos escogidos al azar por internet (Gran Diccionario de la Lengua Española 2016 Larousse Editorial, S.L.) nos dice, informa e ilustra con las siguientes acepciones  de PUTA (Del lat. putus, niño, -a.) lo siguiente:

1. S. F. Mujer que se dedica a la prostitución.
2. Coloquial. Sota de la baraja española: Pinta la puta de espadas.
3. De puta madre. Loc. Adj/ loc. Adv. Vulgar. Que es muy bueno o está muy bien: Es un cochede puta madre; esta hierba está de puta madre.
4. De puta pena Loc. Adj/ loc. aAdv. Vulgar. Que es malo o está muy mal: Hicieron una peli deputa pena; este tocata suena de puta pena.
5. Pasarlas putas. Vulgar. Vivir una situación muy mala o tener dificultades para hacer alguna cosa: Las está pasando muy putas desde que está en el paro; las pasó putas para aprobar el examen.
Pero también este diccionario añade a puta:
F. Ramera.

Y prosigue subrayando:

Sustantivo femenino.
Mujer que ejerce la prostitución: Una casa de putas. 
Que está muy bien o es muy bueno: Un automóvil de puta madre. 
Vivir una situación muy difícil: Las pasé putas viviendo solo.

Y concluyendo dicha exposición con esta escala de categóricos sinónimos para la palabra puta:

(malsonante) prostituta, ramera, fulana, furcia 
(desp.), zorra, buscona, golfa.

¿Ilustrativo verdad?

Ahora hagamos el ejercicio de extraer lo que significa real y académicamente la palabra puta en referencia a las féminas, pues esto se podría resumir, permítanme esta licencia, de la siguiente manera:

Mujer que se dedica a la prostitución y cuya actividad la ejerce en una casa.

Pero aún podríamos ir más allá y sacar en conclusión de la frase o sentencia escrita anteriormente que ejercer la prostitución lleva implícito el cobro de dividendos, monetarios o en especies, al centrarnos en las palabras, dedica y actividad; pero sin dejar atrás el intuitivo acierto de que dicho ejercicio puede ser por propia voluntad o por causa de la comúnmente llamada: “trata de blancas” o si lo prefieren trata de seres humanos, última acepción con la que me quedo, porque en definitiva son de seres humanos, mujeres –extensible también a niños, niñas e incluso hombres (putos)– de los que hablamos o podríamos hablar y volver a reescribir que puta es:

Toda mujer que se dedica, por voluntad u obligada, a la prostitución y cuya actividad la ejerce dentro de una casa, vehículo o habitad: Ya sea este último en la calle de un núcleo urbano o en el campo.   

Entonces y llegados a este punto de entendimiento porqué seguimos espetando, tanto mujeres como hombres, a la cara de cualquier fémina que se encuentre dentro de la casuística expuesta al principio de esta columna la palabra PUTA tan gratuitamente con la intención de ofender, calificar y hasta segregar conductas con las que no estamos de acuerdo o sencillamente no son aceptadas por la escala de valores morales que hemos ido mamando, generación tras generación, de nuestros ancestros: No solamente procedentes del patriarcado no se engañen ustedes sino también, aunque parezca mentira, de las propias mujeres que practicando una doble moral tildan a otras mujeres de PUTAS con la intención de ocultar su “falta”, para sentirse superiores o simplemente para lavar su conciencia.

Podría dejar en este punto la columna y concluirla con mí rúbrica habitual, pero siendo fiel a ella “Por un mundo mejor, por una sociedad más justa” arañaré a mi conciencia lo que ésta me pide que exhale y por eso pregunto a los hombres que utilizan los servicios de una prostituta:

¿Se han preguntado que siente una puta cuando la están follando?

Unos “hombres” se expresarán con un contundente: “A mí me importa un puto carajo lo que piensen o sientan esta manada de golfas… Yo pago, ¿no? Y utilizo la mercancía a mi antojo”.

Otros “hombres” se expresarán de la siguiente manera: “Hombre, claro que me dan pena; pero ellas cumplen una función social por la que yo le pago y utilizando sus servicios evitamos que existan sueltos por la calle menos delincuentes sexuales… Coño, menos violadores”. Pero no son éstos últimos tan violadores como el que más porque son consientes que muchas de ellas son obligadas a mantener relaciones sexuales por las mafias de proxenetas dentro del puticlub de turno.

Y unos pocos hombres, con los cuales me identifico, que dicen: “Yo no utilizo, ni nunca he utilizado, ni utilizaré, los servicios de ninguna prostituta porque sé que muchas de ellas están allí por necesidad u obligación, y no me sabe hacer el amor con una mujer que no lo haga en plena libertad, y por eso no dejo de ser menos hombre, ni me tienen que injuriar con palabras que hieran mi heterosexualidad y dignidad”.

Y ya contestada la pregunta planteada, respuesta con la que podrán estar de acuerdo o no y añadir matices que la enriquezcan o corrijan, faltaría más, ahora me cuestiono como combatir la prostitución y la verdad es que no encuentro otra manera de batallarla como lo es la educación preventiva; pero entiendo que ésta tiene que ir acompañada de otras medidas que refuercen y completen a la educativa. Me explico:

Educación dentro de los propios hogares, como bastión a reconstruir, los colegios, piedra angular y de trabajo, y los culturales, como refuerzo, pueden conseguir que se reafirme la idea de que la mujer no es un objeto sexual sino todo complemento del hombre dentro de las prácticas sexuales, que además las relaciones tienen que ser consentidas y no impuestas, ni tomadas de forma ilícita a través de sustancias que inhiben la voluntad de decir. NO.

Educación que conseguiría en el tiempo que la demanda de prostitución sea: cero y si aún educando no conseguimos erradicarla. Pues lo complementamos la aplicación de las leyes que están vigentes más la creación de otras nuevas. Yo me permito sugerir a los legisladores, aunque no sea letrado:

Se planteen la prisión de perpetua, no revisable, para aquellos tratantes de seres humanos, mujeres en el caso que nos tocan, que mediante engaños o por la fuerza obligan a inocentes de todo el mundo y edad a prostituirse no teniendo en cuenta que con esta práctica pueden contraer enfermedades mortales: Como el sida –naveguemos por internet e informémonos de cómo mueren miles de mujeres en África y otros países– que las pueden matar o no solo enfermedades sino también caer en manos de un grupo de degenerados que las golpee o las drogue hasta la muerte.

Medidas que coinciden algunas de ellas con lo expuesto este pasado 18 de abril de 2018, Dª Carmen Lago, presidenta de la Asociación Faraxa por la Abolición de la prostitución, llevada a cabo en una de las salas del teatro Juan Ramón Jiménez, antigua Casa de la Cultura como me gusta llamarla a mí, organizada con la colaboración del movimiento Encuentro y Solidaridad y la asociación teldense Frida Khalo de la cual es presidenta Dª Mapi Jeréz.



Conferencia que mantuvo a los muchos asistentes expectantes hasta el final; pues escuchar, de primerísima mano, lo vivido por Dª Carmen, la cual expresándose con todo lujo de detalles y si mermarle al verbo su contundencia, consiguió agitar las conciencias de los allí reunidos en aquella sala. Espacio que se me antoja pequeño para la magnitud de lo que se trataba. Lugar donde la presencia femenina fue superior a la masculina y donde las personas de edad superaban a los jóvenes, realidad que me golpea el alma porque para mí antojo fueron muy pocos, aunque se llenara el recinto y tuvieran que colocar más sillas de lo previsto, los asistentes a esta magnífica charla.




Enhorabuena a los organizadores de la conferencia y a la concejal de solidaridad por estar presente en dicho acto desde el principio hasta el final.

Alejandro Dieppa León.
Por una sociedad mejor, por un mundo más justo.

Foto de mi álbum personal: Serie manos.

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