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CONTADOR DESDE EL 01-09-2015

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domingo, 28 de julio de 2013

MI COLUMNA DEL 27 DE JULIO DE 2013. LA COMEDIA SE VA DE ACAMPADA A ARUCAS.


Estarán de acuerdo conmigo que la comedia, dentro del teatro, es un género que cultiva textos cómicos con escenas de corte cotidiano: diáfanas y jocosas que tejen, de manera sencilla, un final feliz dentro de su trama navegando en la sana intención, por parte del autor de la obra y actores de la misma, de que el público asistente a la representación alcance la plena felicidad a través del masaje cardiaco que les proporciona la risa causada en cada acto escénico.

Estas obras teatrales, en tiempos pasados, principios del siglo XVI (El bien llamado: “siglo de oro de las letras” en nuestro país), se representaron en lo que, con el tiempo, llegó a conocerse como: “Corral de Comedias”. Un Corral de Comedias cuya estructura arquitectónica (dejada atrás la semicircular de los teatros griegos, como la del “Teatro de Epidiauro” y romanos, como la del “Teatro de Mérida”) venía a ser, a groso modo, la de la cuadrícula de los patios interiores de posadas o casas de gentes no hidalgas (con el tiempo se amplió la cuadrícula a la de un grupo de casas) dentro de las cuales se escogía una pared (seguro: la más resguardada y la de mejor acústica), la del fondo, y se levantaba un escenario para representar la comedia (es obligatorio destacar que las gentes de esta época entendían como “comedias”: Al drama, la tragedia y a la comedia en sí misma); quedando los tres lados restantes y el patio para que el público asistente se posicionase según la arquitectura social de la época: Los menos pudientes, en pié, en el patio y los adinerados sumada a éstos la nobleza y el clero, en los altos de los tres lados restantes del perímetro de la posada, casa o cuadrícula interior de un conjunto de casas elegidas para representar la obra teatral. Ejemplos en España de estos lugares son: El Corral de comedias de Almagro (conserva su esencia) y el Corral de Comedias de Alcalá de Henares (ya convertido en teatro).


¡Qué siglo en lo referente a las letras!

Un gran siglo donde las obras de teatro evolucionaron a lo que es la representación teatral actual gracias a las magistrales plumas, entre otras, del Gran Lope de Vega (reconozco mi debilidad por este maestro de la palabra escrita), de Pedro Calderón de la Barca y de Tirso de Molina…

¡Cuanto no daríamos!, los adictos al mundo del teatro (dentro y fuera de España), por poder haber asistido a una representación teatral, en un Corral de Comedias de aquella época, de una de las obras de estos autores: Aunque fuera en pié… O disfrutarla en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro: En su Corral de Comedias. Pero, como el viajar al pasado no es posible y el viajar al Festival de Teatro es una empresa ardua complicada gracias a la crisis que nos azota en este agitado periodo de tiempo, la vida, caprichosa en sus múltiples giros, me hizo un hermoso regalo este pasado sábado, 26 de julio del 2013:

El poder pisar un auténtico Corral de Comedias.


Sí, querido lector, no se lo tome a broma, Yo estuve en uno que guarda la esencia primigenia de estos espacios dedicados a la Cultura, a la cultura sencilla que emana del pueblo y que solamente el pueblo puede entender y disfrutar; pues asiste a él libre de elitismos estereotipados…


Les aclaro que cuando fui invitado, a través de facebook, a la obra de teatro, titulada: “Acampada en la presa”, en el local Cultural que Salsipuedes ha abierto en Arucas (recomiendo su visita, como ya lo han hecho muchos colegios y particulares, para disfrutar de sus tesoros. No desvelaré nada para conservar la sorpresa), dentro de su barrio antiguo, en la calle Suárez Franchy, nº 5, junto al lado del Teatro-Cine Rosales, pensé que iba a encontrarme un local social al uso y lo que me encontré fue lo que yo califico como: Un Corral de Comedias del siglo XXI en toda regla; pues guarda la arquitectura base ya dibujada en esta columna: Un patio casi cuadricular, donde uno de sus lados se ha transformado en escenario; otro, el de la izquierda, según la posición del espectador, colinda con un casino de fachada y edificación no conclusa; y el resto lo forman las estructuras de dos edificios donde uno de ellos acoge en su parte más baja el magnífico museo vivo que la Asociación Cultural Salsipuedes muestra al público que quiera visitarlo.


Una obra, “Acampada en la presa”, fiel al género de la comedia, entretenida y divertida, escrita por el director de Salsipuedes José Moreno e interpretada por un escogido plantel de actores pertenecientes a la asociación que dibujaron con sus dotes interpretativas (fieles a su línea) el perfil escénico del personaje que les tocó en suerte interpretar: Personajes como Floro, Chema, la dueña de la agencia de acampadas, Alaska, Heidi, Dora, Nancy, Marina, etc.…


Aventura cómica donde Floro (piedra angular alrededor del cual gira el resto de personajes), un “panarrio” en toda regla; pero al mismo tiempo un ser de alma limpia, que comienza cuando éste se lamenta, durante una partida de cartas, de no conseguir novia después de la muerte de su esposa (con la cual solamente estuvo un día casado), a lo que su gran amigo Chema, un aruquense que ha tenido la fortuna o infortunio, según se mire, de casarse varias veces a lo largo de su vida, le aconseja el ir a una agencia que organiza acampadas para emparejar solteros en La presa del pinto (Primer embalse de las siete islas canarias).


Floro acepta y va a la entrevista de la agencia acompañado por Chema y en la citada reunión la dueña le informa, además de lanzarle un piropo, con detalle: del lugar exacto donde será la acampada y número de candidatas a futura novia. Un grupo de candidatas especiales entre las que se encuentran: Una “heavy” bebedora de cerveza. Una mujer afectada de bipolaridad y doble personalidad. Una bióloga, ex-scouts, sabelotodo, obsesionada por la naturaleza. Una “pija” que ha pasado toda su vida de centro comercial en centro comercial y la última es una casa fortunas en paro…


En definitiva una hora y media de teatro que se difuminó entre las carcajadas de los asistentes que al finalizar la obra salieron con sabor a poco… Pues cuando un espectáculo es bueno, de calidad, siempre nos queda las ganas de más o repetir…





Mi enhorabuena nuevamente a todos los componentes de la Asociación Cultural Salsipuedes de Arucas, por vuestra desinteresada apuesta por la Cultura bien entendida; sin dudarlo os habéis convertido en un ejemplo viviente, que demuestra una vez más que la Cultura bien cernida crea un campo fértil del cual comen los hambrientos…


Tenéis mi respeto y mi admiración, como el de miles de canarios que disfrutan con vuestras apuestas.

Alejandro Dieppa León.        






sábado, 13 de julio de 2013

MI CITA Y MI CUENTO DEL 12 DE JULIO DE 2013. PACIENCIA.

QUERIDO HIJO...

LA PACIENCIA ES LA EXPRESIÓN ARTÍSTICA DE LOS INTELIGENTES.

MEDITA, CON PACIENCIA, CADA MOVIMIENTO ESTÁTICO CON EL QUE TE MUEVAS POR EL MUNDANO ESTADIO DE LAS PASIONES PORQUE ESTA ELECCIÓN: NO RESTA... SINO SUMA A TU FAVOR...

MEDITO LA MÍA...

MEDITEMOS LA QUE CONTINUAMENTE BOMBARDEAN A GOLPE DE DECRETOS E IMPOSICIONES INJUSTAS PARA LOS MÁS NECESITADOS...

CUENTO

EL PESCADOR Y LA PACIENCIA

Juan al que todos en la isla apodaban, “El Cansado”: por su lento caminar, por su mirada serena y por su hablar pausado, era un gran aficionado a la pesca. Herencia que recibiera de su padre, apodado “C´acerrín” y éste alto y robusto carpintero, que tuvo la suerte de casarse con María, la hija del guagüero del barrio, de su progenitor, apodado “Mastro Anzuelo”. Un herrero que, entre otras, en su vieja fragua, se fabricaba unos anzuelos con una aleación especial, que nunca descubrió a nadie, tan solo por cabezonería, a los que clavaba trocitos de gambas que había macerado con un mejunje secreto, días antes, en un cacharro de la misma aleación que la del anzuelo; y con los que sacaba, cada vez que iba de pesca, unos hermosos peces de tamaño insólito. Todo lo contrario a su nieto, ya que “El Cansado” cada vez que lanzaba el anzuelo, con su mimado cebo, solamente lograba sacaba del mar frustración y algún que otro pescado distraído de minúsculas dimensiones y mira que había cambiado muchas veces de zona y de cebo; pero nada, siempre más de lo mismo, por eso cada vez que daba por concluido su tiempo dedicado a su afición se preparaba, mentalmente, para su regreso a casa: Él sabía el motivo.

—¿Mucha pesca hoy, Juan? —la sonrisa burlona de Pedro “El Taita”, el joven pescadero de la calle San Urbano donde vivía “El Cansado”, nieto de Tomás “El Jorobado”, al que se negaba a comprarle pescado congelado, subrayaba la mofa con sutil acento cada vez que veía venir a su vecino de regreso de su jornada de pesca.

—¡No se dejan, Pedro! —su mirada esquiva denotaba su fracaso diario, pero no arañaba su determinación; porque a ésta la bruñía con mucha paciencia.  —No se dejan —añadió pensando en que algún día la rueda de la fortuna le sonreiría.
  
Pero un martes por la mañana, en su taller de reparaciones eléctricas, que antes había sido la carpintería de su padre y antes de carpintería la fragua de su abuelo, mientras buscaba la avería en una vieja lavadora con su veterano polímetro tuvo la mala suerte de que éste se le callera al suelo y se le rompiese...

—¡Valla hombre! —no aderezó su lamento con astillas mal sonantes; pues él sabía que si perdía los nervios la avería que buscaba se perdería ante la bruma que éstos crearían ante sus ojos. Por eso, revestido de paciencia, su armadura diaria ante la adversidad, comenzó por todo el taller la búsqueda de otro polímetro y buscando, buscando, encontró un viejo cajón de madera la cual no sabía si perteneció: a su padre o a su abuelo. Lo sacó de donde permanecía escondido, cogió un destornillador, con él forzó la cerradura, y cual no fue su sorpresa cuando al abrirlo se topó de frente con el afamado cacharro de su abuelo lleno de anzuelos y junto a éstos una vieja libreta negra, envuelta en un pañuelo de algodón, que guardaba, únicamente, el secreto del viejo mejunje con el que “Mastro Anzuelo” maceraba las gambas que utilizaba como cebo.
    
—¡Ahora sí! —fue lo único que exhaló.

Llegado el sábado “El Cansado” bajó calle abajo en dirección a su lugar de pesca, a eso de las siete de la mañana, justo en el momento en el que Pedro abría la pescadería.

—¡Adiós, Juan! Espero se te dé el día hoy bien —la sonrisa burlona de Pedro “El Taita”, volvió a subrayar la mofa con sutil acento; pero está vez, como las otras anteriores, no acertó en la diana donde se pretendía que se clavase.

—¡Así lo espero! —se despidió sabiendo que tenía un as en la manga.

Llegado a su habitual lugar de pesca “El Cansado” extendió sus cosas por la acera y lo preparó todo para lanzar lo más lejos posible uno de los anzuelos de su abuelo con el cebo preparado con su receta.

—Va por ti “Mastro Anzuelo” —irradió en el mar un haz de esperanza y éste le respondió al cabo de unos minutos con un fuerte golpe de su caña—. ¡La madre que me parió! Como tira este condenado —Tiraba de la caña y recogía hilo rápidamente con el carrete. Así una y otra vez, durante más de cinco minutos, hasta que ante él apareció una dorada de más de cuarenta quilos de peso. Un astuto pescado que se había estado burlando de él desde el primer día que cogiera una caña en sus manos.

La felicidad alcanzada por aquella captura fue el pago a tanto tiempo de espera y resignación, por eso “El Cansado” se arropó con ella y envuelto en su aroma, recogió sus cosas y su pesca, premio merecidísimo por su paciencia.

—¡Bueno, vamos “p´a ya”! —no pudo evitar, era lógico, irradiar un resoplido de satisfacción mientras recogía—. Va por ti “Mastro Anzuelo” —agarró la pesada dorada por las agallas, la levantó del suelo y emprendió el regreso a casa.

—¡Ya viene ese fracasado! —Pedro “El Taita” se acercó a la puerta para ver acercarse a Juan “El Cansado”, pero al distinguir lo que éste sostenía en su mano derecha se quedó petrificado.

—¡Hola Pedro! —esta vez la sonrisa fue esbozada por el pescador.

—“Joder”, Juan si no te conociera diría que en vez de ir a pescar te fuiste a la plaza a comprar esta hermosa dorada —no pudo evitar su naturaleza. A lo que su interlocutor le contestó:

—¡Hijo, eso es lo que deberías hacer Tú! Pero para comprar pescado fresco y no congelado... ¡Con Dios! —se despidió lleno de serenidad y seguido siguió su camino macerando su ganancia.

Y a partir de entonces, cada vez que iba de pesca, solía volver con dos o tres piezas de las cuales regalaba alguna al pescadero que con el tiempo fue su mayor defensor.

(Frase y cuento de mi serie MEDITANDO EN UN TEMPLO SHAOLIN)
Foto de mi álbum personal. Isla de Gran Canaria...

Alejandro Dieppa León.
Por un mundo mejor,
por una sociedad más justa.


martes, 2 de julio de 2013

MI COLUMNA DEL 02 DE JULIO DE 2013. VIAJAR EN EL TIEMPO UNA EXPERIENCIA REAL EN EL GÜINIGÜADA.


Sea sincero, querido lector, y confiese que a usted se le ha pasado por la cabeza, en algún momento de su vida o en algunos más si su existencia está plagada de necesidades, la idea de vivir en otra época, ya sea esta futura o pasada, distinta en el espacio-tiempo a la que vive en este convulso siglo XXI. 

Quizás pensó que si hubiese vivido a finales del neolítico, justo en el periodo de tiempo donde se terminó de construir el megalítico Stonehenge, su existencia hubiese sido mejor debido a que: El aire no estaba contaminado por las emisiones de monóxido de carbono... Los ríos y los mares no estaban asfixiados por los incontrolables vertidos químicos que las multinacionales inyectan en las venas que transportan el agua dulce, vital para la existencia, a los inmensos (para nosotros) lagos, mares y océanos... Los bosques no estaban en fase de desforestación por la industria maderera o por las insaciables constructoras: verdaderas devoradoras de tierra fértil. Sin dudarlo estados de la naturaleza positivos para hacer grata la vida del homo "sapiens-sapiens", de mí, de usted, del resto de nuestros congéneres; pero también un periodo de tiempo en el que la mortandad era, sin miedo a equivocarme, elevadísima debido a la carencia de un sistema sanitario sólido, apoyado en los avances científicos y técnicos, que le garantizase el no padecimiento de las tan temibles enfermedades que se empezaban a consolidar en los núcleos urbanos con un número considerable ya de habitantes...

¿A que este periodo de tiempo no le parece tan atractivo ahora? 

O por el contrario pensó que si viviese en el futuro de una sociedad que ya está metida de cabeza en la conquista del universo todo le iría mejor porque usted no tendría que preocuparse por las enfermedades que tanto le angustiaban en la era de Stonehenge, porque viajaría a bordo de una nave como, por ejemplo, la descrita por Stanley Kubrick en "2001: A Space Odyssey", equipada para que su existencia física no se vea mermada por ningún imprevisto médico a los que las máquinas de carbono que somos tanto tememos; pero no se crea libre de todo mal por viajar en tal proeza de la ingeniería científica y médica, porque aún así nos acompañarían en esa conquista del espacio lo que está degradando el mundo, la tierra, la era que nos toca vivir: Me refiero a las tan temidas y ácidas emociones humanas como lo son: la ambición, la sed de poder, la intolerancia, la codicia, la lujuria, el mercantilismo, la envidia, el odio, los celos y la tan temida maldad; pues en este futuro dibujado, estoy convencido de ello, aún con todos los avances alcanzados, no nos habremos reprogramado lo que tenemos que reprogramar: nuestra masa gris para que la Liberté, la Égalité y la Fraternité aderezadas de solidaridad, altruismo y bondad puedan conseguir una existencia mejor....

¿A que este futuro también le parece no tan bueno como esperaba?

Pero existe un problema para podernos desplazar a ese pasado y futuro, o a cualquier otro que usted proponga, dibujado en este texto o en sus lúcidas y soñadoras mentes... Sí, existe uno y fundamental. No tenemos máquina del tiempo: Ni la máquina del tiempo del escritor británico Herbert Greorge Wells descrita en su novela "The Time Machine", máquina que viaja, entre otros viajes, físicamente con su piloto, a un tiempo donde los Eloi (seres humanos como nosotros) son el sustento de los Morlok (variante terrorífica del "homo sapiens"). Ni la soñada por el físico teórico, cosmólogo y divulgador científico británico Stephen William Hawking que crea, con una máquina, un portal. Principio de un túnel o por llamarlo de forma científica un agujero de gusano que permite viajar a los seres humanos, y no a la máquina en sí misma, por el espacio-tiempo, atravesándolo o sumergiéndonos en la cuarta dimensión, al tan buscado pasado o futuro...

Aunque yo he tenido la suerte de encontrar una máquina del tiempo, en el lugar menos esperado, en un teatro. Sí, querido lector, en un hermoso (porque se ha remozado recientemente) y confortable teatro, en el cual trabaja un personal encantador y profesional, que consiguió un aforo al completo (Gracias a la propuesta del magnífico conjunto de actores y figurantes pertenecientes a la tan legendaria Asociación Cultural Salsipuedes de Arucas): Les hablo del Teatro Guiniguada situado en una de las márgenes del escondido barranco del cual toma su nombre... Pero le ruego, querido lector, porque algo en mi ser me dice que lo está pensando, que no me trate de loco, se lo ruego por el arquitecto del universo, si le afirmo con más exactitud que este pasado sábado 29 de junio del 2013 tuve la fortuna (grata fortuna, gracias a un amante y defensor, con hechos, de la cultura en toda la extensión de la palabra, D. José Moreno, Director del Salsipuedes), tanto yo, como el resto de los asistentes (ellos son mis testigos, pues ellos me acompañaron en esa gratificante experiencia), de viajar en el tiempo gracias a Ambrosio, que viste de marrón claro y bebe "Royal Crown", y a Tomás, que viste de gris y exhala un carácter compulsivo. Dos jóvenes, barbados, buena gente, que vivían su plenitud juvenil allá por 1968, en Arucas (año en el que yo cumplía seis años a muchos kilómetros de distancia de tan hermoso entorno). Una fecha para ellos y para mí fundamental; porque es cuando a Ambrosio se le ocurre llevar una pequeña máquina (él, en ese momento, no sabe para qué sirve), robada de las instalaciones de Unelco por un conocido, previo pago, parecida a un mando de coche de juguete actual para mostrársela a su gran amigo Tomás...  Máquina que al manipularla los transporta a una fiesta de mujeres que se está celebrando en el 2012, amenizada por una banda musical que toca, "Los Sixtys", música, entre otros, de los Rolling Stones o los Bravos, con un sonido, bien ejecutado, compacto, que emocionó mi ser e hizo que mis recuerdos se enhebraran en las neuronas de mi cerebro dibujando emociones e imágenes que tenía olvidadas. 


¡Qué gratos recuerdos infantiles!

Fiesta en las que entablaron relación con dos jóvenes féminas: Yésica, a la cual le encantan las faldas cortitas, y "Güaci" (Diminutivo de Güacimara: nombre prehispánico que en 1968 nadie pondría a una de sus hijas por miedo a los tan temidos grises bien caracterizados por los dos que aparecieron en escena), la cual luce con orgullo un hermoso tatuaje en su brazo derecho, cosa que le parece aberrante a Ambrosio. Joven fémina que resultaría ser la hija de Tomás y que gracias a ese inesperado viaje en el futuro salva la vida de su madre consiguiendo con este hecho que sus padres se junten y la tengan a ella...


Sí, este fue el viaje en el tiempo al que asistí y no me arrepiento de haberlo hecho porque dos horas de teatro, de BUEN TEATRO: Bien interpretado tanto por parte de los músicos, los actores principales y los figurantes; además de bien ambientado en iluminación y sonido por el equipo técnico, se me pasaron en dos minutos (era un comentario muy recurrido al finalizar la obra) y es que cuando una propuesta teatral consigue ésto es que ha sabido calar en el público asistente y eso sin lugar a dudas es todo un: EXITO.

Espero que otros teatros tomen en cuenta esta propuesta para que más ciudadanos corrientes como yo puedan disfrutar de un emocionante viaje en el tiempo.

Enhorabuena a la Asociación cultural Salsipuedes de Arucas y gracias José Moreno por tu altruismo...


Alejandro Dieppa León.



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