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CONTADOR DESDE EL 01-09-2015

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miércoles, 13 de marzo de 2013

MI CITA Y CUENTO DEL 09 DE MARZO DE 2013. RAZÓN POR CONSENSO.


QUERIDO HIJO...

MI RAZÓN...
TU RAZÓN...
SU RAZÓN...

NI MI RAZÓN...
NI TU RAZÓN...
NI SU RAZÓN...

LA MEJOR RAZÓN ES LA QUE NO SE IMPONE:

NI POR LA FUERZA...
NI POR EL ENGAÑO...
NI POR LA COACCIÓN...

LA MEJOR RAZÓN ES LA QUE SE CONSOLIDA POR:

CONSENSO


MEDITA LA FUERZA DEL PODER, EL ENGAÑO EN SUS PROPUESTAS Y LA COACCIÓN SI NO TE DOBLEGAS A SUS INTERESES... 

MEDITO...

MEDITEMOS...

CUENTO

UN LEJANO REINO LLAMADO REALIDAD

En un no muy lejano reino, para algunos no tanto y para otros quizás sí, llamado Realidad, vestido de democracia, llena de valores: “Morales, éticos y justicieros” había varios grupos ávidos de poder: la familia real, la clase política, la bancaria y la beata (en ésta última se distinguían distintas variaciones), variopintas altas castas, algunas de ellas, individual o en todo su conjunto, con individuos de dudosa reputación e intereses personales o mercantilistas, que habían adoptado el lustrado sello de identidad de: “Ética, Honor y Justicia” y que se alimentaban de la ambrosía de la corrupción institucional, sin la cual no podría funcionar o subsistir aquel lejano reino, vestido de democracia, porque el corazón de Realidad se había forjado con: trozos de una mentalidad corrupta heredada de un régimen anterior, fascista hasta la médula, que prefirió camuflarse entre el nuevo régimen para no perder su estatus y aliviar ante su difuso Dios sus múltiples pecados terrenales, y trozos de nuevas mentalidades, viejos libre pensadores muchos de ellos, que supieron ver en aquella oportunidad un destello de luz para cambiar la vida llena de miseria de las clases sociales más desamparadas, del pueblo común en definitiva: Mano de obra, casi esclava, porque en derechos siempre tuvieron pocos y en deberes siempre se les encadenó con muchos, sin la cual aquel reino, vestido de democracia (ni ninguna otra forma de gobierno) nunca funcionaría…
Pero en éste no muy lejano reino, para algunos no tanto y para otros quizás sí, llamado Realidad, vestido de democracia, entre una hermosa y perfecta “U” formada por verdes montañas, desde las cuales, en la época veraniega, se divisaba, con nitidez, el nacer y el morir del sol sobre el piélago marino, se había levantado, hacía tantos años ya que solamente eran resonados por el cronista, hombre ético, sapiente y humanista, de aquella cosmopolita humanidad, un pulcro pueblo llamado Edlet, en honor a uno de sus ancestrales fundadores. Un pueblo que en el caminar de los siglos se había redibujado en tres variopintos grupos poblacionales:
El primero de ellos, llamado Riogogresan, formado por un grupo de coloridas casas vestidas de: azul, rojo, amarillo, verde, marrón y rústico aspecto; que visto desde la costa se enclavaba en la parte oeste, punto cardinal por donde muere el sol, de aquella hermosa “U” que la voluble naturaleza había tallado con tal perfección que hasta los propios hados de la floresta que la recorrían entre los claros-oscuros se sentían orgullosos de tamaña obra maestra de su amada creadora y entorno donde se habían constituido en mayoría los seguidores de un partido político cuyas siglas eran: A.R.
El segundo, al que habían bautizado como Najunas, estaba manchado por un grupo de casas duchadas de: azul, rojo, amarillo, verde, marrón y rústico aspecto; que visto desde la costa se enclavaba en la parte este, punto cardinal por donde nace el sol, de aquella hermosa “U” que la voluble naturaleza había tallado con tal perfección que hasta los propios hados de la floresta que la recorrían entre los claros-oscuros se sentían orgullosos de tamaña obra maestra de su amada creadora y entorno donde se habían organizado en mayoría los seguidores de un partido político cuyas siglas eran: R.O.
Y el tercero, aclamado como Sosllalos, estaba pespunteado por un grupo de casas orladas también de: azul, rojo, amarillo, verde, marrón y rústico aspecto, porque la naturaleza del pueblo sencillo era la misma en cualquier parte de aquel lejano reino, vestido de democracia, que visto desde la costa se acunaba en el fondo de aquella hermosa “U” que la voluble naturaleza había tallado con tal perfección que hasta los propios hados de la floresta que la recorrían entre los claros-oscuros se sentían orgullosos de tamaña obra maestra de su amada creadora y entorno, donde se habían fortificado, en pequeñas minorías, los seguidores de distintos partidos políticos cuyas siglas eran: R.I.A., R.I.A.S., C.A. y Á.T., que, pasito a pasito, comenzaban a hacer sombra, en mayor o menor grado, al A.R. y al R.O.; pero sólo dentro de aquel pueblo, porque en el resto de aquel lejano reino, vestido de democracia, no llegaban ni a lamer la miel del rico panal del poder omnipotente… 
Todo marchaba conforme a los lazos hilados por los intereses financieros dentro de aquel pueblo, dentro de aquel lejano reino, para algunos no tanto y para otros quizás sí, llamado Realidad, vestido de democracia:
Los pobres de rancio abolengo, que seguían siendo pobres hasta la médula, engordaban, hora a hora y día a día, su clase social, en esta época, con los miles de parados que salían despedidos, a cañonazos, de las empresas gracias a la nueva reforma laboral aprobada, por imperativo legal, por el opresor (con mayoría absoluta por fraude electoral)  gobierno de turno.
La clase obrera y la clase funcionarial seguían siendo culpabilizados de la situación del reino y castigados con el despido por tal injusta injuria, por la clase política y financiera de aquel pueblo, de aquel lejano reino, vestido de democracia.
Las instituciones públicas, ganancias de años pasados, se privatizaban a marchas forzadas, no para sanear, sino para engordar las cuentas de resultados de ciertos grupos de adinerados y especuladores grupos financieros, de dudosa moralidad e intereses (porque no nos engañemos: no invertían en estos negocios por el bien común) muchos de ellos.
Y los pequeños y medianos empresarios, junto con los agonizantes autónomos, arrodillados ante las múltiples facturas por cobrar de los Ayuntamientos y deudas que pagar a la administración, y a otros empresarios, seguían muriendo, hora a hora, día a día, con cada cierre de actividad.
Y aun así los habitantes de aquel pueblo, de aquel lejano reino, vestido de democracia, habían arado la resignación, gracias a la piedad de su idílico clima y a un desarrollado espíritu de hermandad, entre familiares y grupos caritativos de distinta tendencia religiosa y no religiosa, que cubrían las necesidades mínimas que tenían que haber cubierto la degollada Concejalía de Asuntos Sociales. Por eso el “Clima”, humanizado y ahíto de tanta agonía y plegarias elevadas al cielo, exhaló un manto de tristes nubes para manifestar su desaprobación por la situación en la que se encontraban las clases más laceradas, pero esta llamada de atención, en vez de remover las conciencias en sentido positivo de los cargos electos, y no electos, de los distintos grupos políticos que batallaban por el poder absoluto dentro del Ayuntamiento de aquel pueblo, de aquel lejano reino, vestido de democracia, consiguió, muy a su pesar, el efecto contrario y las clases más laceradas horadaron todavía más su pena con silente resignación… Y por esta respuesta inesperada de aquella fauna política el “Clima” contagió, sin quererlo, a las nubes su estado anímico y éstas comenzaron a llorar tibiamente; pero esto tampoco consiguió ablandar los corazones de los máximos responsables de aquella sociedad y así pasaron los días: chisporroteando… Y las semanas: Chisporroteando… Y a partir de la cuarta, de los lados este y oeste comenzó a bajar, tímidamente, una especie de leche, canela o negruzca, según por el lugar donde bajaba, mezclada con hojas, ramitas pequeñas y diversos elementos que condimentaban aquel sudor de las montañas. Caldo que se fue concentrando poco a poco en el centro de aquella hermosa “U” que la voluble naturaleza había tallado con tal perfección que hasta los propios hados de la floresta que la recorrían entre los claros-oscuros se sentían orgullosos de tamaña obra maestra de su amada creadora, hasta alcanzar unos cinco centímetros de fango…
Los diferentes partidos enfrascados en sus luchas tribales tomaron aquel acontecimiento como un argumento para ganar adeptos y mientras los del A.R. lanzaban el eslogan de que en su parte de la montaña no había lodazal, los del R.O. contraatacaban con el de que en la suya tampoco lo había y el resto de partidos afincados en Sosllalos, en vez de unirse y convencer a los partidos del este y el oeste (por consenso) de que el tema se solucionaría en un periquete con dos o tres propuestas, empezaron a pactar, en detrimento del pueblo, cargos y prebendas a corto y largo plazo. Hecho que consiguió que el “Clima” se angustiara un mes más y que las nubes siguieran llorando su pena tibiamente, llanto por el cual el nivel del fango aumentó otros cinco centímetros; pero los politiquillos (fauna llena de lobos, perros, lagartijas, loros y muchas ratas) de aquellos partidos seguían sumidos en sus miserias terrenales en vez de poner fin a tamaño problema…
Pero a mediados del tercer mes, cuando un grupo de niños que jugaban, entre el fango,  perdían un balón, barranco a bajo, gracias a un tiro fallido a puerta del hijo de Machín, se solucionó el problema de aquel pueblo de la siguiente manera, gracias a un alma inocente:
Norberto, el hijo de Machín, alentado por sus compañeros, fue en busca del balón, barranco abajo, y llegó, sorteando muchos obstáculos, hasta donde se había incrustado la apaleada esfera, una pequeña presa; pero cuando fue a coger el balón se dio cuenta de que aquella presa, creada por la tibia lluvia que todavía caía sobre su cabeza y cuerpito, era la causa de que su pueblo estuviera sufriendo tanto… Por eso, y tras quitar el balón y ponerlo en lugar seguro, fue quitando ramitas y troncos, sin darse cuenta que estaba poniendo en peligro su vida, hasta que la pequeña presa cedió y descargando todo su potencial lo arrastró, ahogándolo, hasta la misma costa…
Aquel pueblo, llamado Edlet, de aquel lejano reino, llamado Realidad, vestido de democracia, lloró la perdida de tan inocente mano, al mismo tiempo que las nubes dejaban de hacerlo ya que el ”Clima” se había sobrecogido de tal manera que de un resoplido ahuyentó a las nubes; pero los políticos no aprendieron la lección, y tras los funerales y días de luto declarados por la muerte de tan inocente alma del pueblo, siguieron batallando por sus intereses personales dentro del ayuntamiento en detrimento de la mayoría silenciosa: El pueblo... Un pueblo que los aguantará y sufrirá hasta que se alcen, una vez más, al grito de Liberté, Égalité y Fraternité.
Y colorín, colorado, este cuento social se ha terminado… 

(Alejandro Dieppa León, frase y cuento de mi serie Meditando en un templo Shaolin)
Fotomontaje de mi álbum personal.

Alejandro Dieppa León.
Por un mundo mejor,
por una sociedad más justa.


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