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CONTADOR DESDE EL 01-09-2015

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sábado, 1 de diciembre de 2012

MI CITA Y CUENTO DEL 01 DE DICIEMBRE DEL 2012. VERDAD ABSOLUTA.



QUERIDO HIJO...

POBRE DE AQUEL QUE CREA POSEER LA VERDAD ABSOLUTA

YO NO LA TENGO,
NI SÉ DÓNDE SE ENCUENTRA,
POR ESO SOLO MEDITO,
POR ESO SOY FELIZ...

MEDITA...

MEDITO...

MEDITEMOS....


CUENTO


—Maestro Li... —el peso de su conciencia paró el sutil paseo meditativo justo cuando un rayo de sol, anaranjado, cuasi invisible a la vista humana, le fijó el punto exacto donde debía hacerlo.
—¡Dime, T’ien T’ai! —el color de la atmósfera que les rodeaba fulguró ataviada de armonía y paz en espera de una enseñanza de vida.
—¿Qué es verdad y qué no lo es, maestro? —el discípulo se agachó para recoger del suelo el aliento espirado del rayo de sol que había desaparecido a sus pies: pero no pudo hacerlo.

La experiencia personificada en ser humano reflexivo y bondadoso lanzó un suspiro, cerró los ojos y después de un instante convertido en eternidad exhaló:

—Observa como el viento mece las copas de los árboles —T’ien T’ai elevó su cabeza siguiendo el consejo y estuvo un cierto tiempo contemplando cómo el verde de las hojas pintaban líneas invisibles en el azul del cielo.
— Y ahora dime, distinguido discípulo, si es verdad que las copas de los árboles son mecidas por el viento...
—Es verdad, maestro Li.
—¿Y cómo sabes que es verdad lo que afirmas como verdad?
—Porque mi vista y oídos me lo confirman.
—Y si estuvieras ciego y sordo... ¿Seguiría siendo verdad que las copas de los árboles son mecidas por el viento?
—Sí, pero yo no podría afirmar que es verdad, porque no podría comprobarlo, ni demostrarlo...
—Entonces estarás de acuerdo conmigo que para saber que una cosa es verdad, en este caso un fenómeno físico, necesitamos de nuestros sentidos, pero que aunque no lo logremos confirmar que así sea no deja de existir la posibilidad de que sea verdad lo que no confirmamos...

Maestro y alumno siguieron su paseo, en silencio, meditando cada paso, cada palabra, cada gesto, cada pensamiento, hasta llegar a la orilla de una playa.

—Maestro Li... —el peso de su conciencia paró el sutil paseo meditativo justo cuando otro rayo de sol, en este caso azulado, también cuasi invisible a la vista humana, le fijó el punto exacto donde debía hacerlo al discípulo.
—¡Dime, T’ien T’ai! —el color de la atmósfera que les rodeaba volvió a fulgurar ataviada de armonía y paz en espera de una enseñanza de vida.
—¿Existe la verdad absoluta? —el discípulo se agachó para recoger del suelo el aliento espirado del rayo de sol que había desaparecido a sus pies: pero no pudo hacerlo.

La experiencia personificada en ser humano reflexivo y bondadoso lanzó un suspiro más profundo que el anterior, cerró los ojos con más serenidad que la última vez y después de un instante convertido en eternidad exhaló:

—Observa, T’ien T’ai, cuántos granos de arena hay en esta playa, cuántos son acariciados por el mar y cuántos son transportados por el viento de un lado a otro...

El discípulo siguió el consejo.

—Y ahora me podrías decir cuál de ellos posee la verdad absoluta, si ninguno está en el mismo punto, ni le acaricia el mar de la misma forma, ni lo transporta el viento con la misma intensidad... 
—Ninguno, maestro Li —concluyó, pero seguido se dio cuenta que su afirmación, su verdad, no era absoluta y argumentó—. Pero esto es así porque sus realidades, necesidades y experiencias son distintas; pero aún afirmando esto me doy cuenta que hay una verdad que lo armoniza todo...  
—Por lo tanto la verdad absoluta no es un círculo cerrado, más bien vendría a ser como un espacio abierto a múltiples interpretaciones... ¡Pero claro! Ésta es solo mi verdad... ¿Entiendes...?

Maestro y alumno siguieron su paseo y cuando llegó la hora de partir al mundo exterior T’ien T’ai nunca afirmaba una verdad con rotundidad... Él eligió pedir que meditaran sus propuestas, nunca que las asumieran como verdades absolutas, pues éstas podían formar parte de un todo mayor...

(Alejandro Dieppa León, cita y cuento de mi serie MEDITANDO EN UN TEMPLO SHAOLIN)
Fotomontaje de mi álbum personal…

Alejandro Dieppa León.
Por un mundo mejor,
por una sociedad más justa.




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